LA ESTATUA
Estaba inmóvil, observando como siempre. Nunca decía nada. Tenía la sensación de que si empezaba a hablar nadie comprendería sus palabras, o ni si quiera lo notarían, o tal vez sí lo notaran y eso los asustara. Él permanecía inmóvil. Miraba la gran cantidad de personas que pasaban frente a él: observó que algunas se quedaban mirándolo y murmurando en voz baja, otras lo miraban sin decir nada, pero implorando ayuda, compasión o simplemente amor; otras, las menos, se arrodillaban y le murmuraban. Él las miraba, deseando poder darles una sonrisa de ánimo, un gesto de esperanza. Pero no podía, el escultor se había asegurado de darle a su rostro marmóreo una expresión de tristeza infinita e irrepetible. Su dolor era tan intenso como lo reflejaba su rostro, pero no podía expresarlo como deseaba. Se limitaba a estar ahí inmóvil, de pie sobre una columna baja, también de mármol, inclinado ligeramente hacia adelante, con la mano extendida , como buscando el consuelo que no podía dar. Un dí...