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Las vías del destino (1ra prte)

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El tren marchaba lentamente, o tal vez él lo sintiera así, pues en su interior nunca deseaba llegar a destino, y no era porque su empleo fuera malo, sino porque llegar equivalía a bajar del tren, a salir de ese vagón en que ella también viajaba. Él se llamaba Valiant y ella se llamaba… bien, esa era la cuestión, él no lo sabía y hubiera dado una mano por saberlo. Siempre la veía charlando con dos amigas. Algunas veces sus miradas se cruzaban pero él desviaba la suya enseguida. Más de una vez se le ocurrió cruzar hasta donde estaba ella y preguntarle algo trivial como la hora o una dirección, pero descartaba la idea enseguida por temor al ridículo. Y realmente, ya había hecho el ridículo demasiadas veces, desde errarle al asiento y caer redondo al suelo hasta dejar una rosa en el asiento que ella elegía siempre y descubrir que ese día ella no viajó y la rosa fue recibida por una ancianita muy sorprendida y feliz. A esa altura Valiant ya se sentía desesperado pero decidió esperar algun...

Los cuadernos de Julio

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Esos cuadernos viejos eran mucho más que sólo hojas de apuntes pobladas de contenidos académicos. Si hubieran sido únicamente eso, su existencia habría sido tolerada. Pero no era así, pues en esas páginas no había meras anotaciones de historia y matemáticas. En ellas, en sus márgenes alguna vez inmaculados, entre citas célebres y fechas de exámenes, allí estaba escrito el nombre de él, de Julio. Algunas veces su nombre aparecía encerrado en una nube soñadora y celeste, otras veces lo rodeaban vibrantes rayos de sol, o lo ahogaban corazoncitos apasionados. Todas las decoraciones románticas y dulces que pudieran imaginarse estaban dispersas en esos cuadernos, en sus hojas, siempre en forma de cercos que mantenían a Julio encerrado en una invencible adoración. Julio… Seis meses viví en Julio. Seis meses de miradas cómplices, de besos robados, de citas espontáneas y amor celestial, irreal e idealizado. Durante medio año viví un ideal. Pero la vida no siempre es un sueño.

Eventos

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El cristal de mi ventana estaba inundado de hielo  y otorgaba un paisaje difuminado en verdes, maderas y grises. Un nuevo amanecer, frío pero sedante, como cada uno en esta pequeña ciudad.  Permanecí un largo rato mirando el nuevo día, luego me levanté y coloqué la pava en el fuego. Regresé junto a la ventana para ver mi parte favorita. El cristal comenzaba a perder el efecto de esfumado pero a medida que se desempañaba lentamente  se veía  invadido  por pequeñas motas doradas que daban sensación de fulgor y renovación. Era un espectáculo cotidiano que me absorbía completamente, haciéndome olvidar del mundo.  Sin embargo nunca quise fotografiarlo, sentía que aún la mejor cámara del mundo no lograría transmitir todo lo que podía sentirse al verlo.  Tampoco nunca acerté a saber a ciencia cierta porqué me gustaba tanto ese misterio del cristal cambiante. Luego de preparar mi desayuno me acomodé en mi mesa de trabajo y ordené los papeles con nombres y...

Confianza

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Nunca se habían visto el rostro, mejor dicho, nunca se vieron personalmente, solamente por fotografías, y ni quiera fotos que se pasaran manualmente, sino a través del correo electrónico.  Ninguno recordaba cómo era que se habían conocido, creo que se debió a un amigo en común, o sencillamente era el momento de que juntaran sus soledades para ver si desaparecían.  Ellos ya sabían, la gente tiende a usar alias en internet, e incluso inventarse una vida paralela, tal vez para no admitir que no estaban felices con la que llevaban diariamente o para tratar de sobrellevarla. En el caso de ellos…  bueno, ella decía que era detective privado y él que era profesional de la lucha libre. ¡Vaya ejemplo de lo que hacen algunos para sentirse más interesantes para los demás! Pero ellos parecía satisfechos de sus empleos y pasaban mucho tiempo charlando sobre ellos. Al final él se volvió experto en seguir pistas y ella aprendió algunas técnicas de lucha defensiva, un tanto diferentes ...

Pensamientos aferrados

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Mi nombre es Valinor. Seguramente me recuerdan, soy amigo de Vaeneria y he pasado una mañana completa buscando algún dato que permitiera conocer el pasado de ella, pues padecía una amnesia profunda, no recordaba absolutamente nada que fuera anterior a su cumpleaños número veintidós. Ahora, con veintiséis años y con mi ayuda desde que la conociera,  hace tres meses, no había logrado reunir dato alguno sobre su pasado. ¿Cómo era posible? Era como si ella hubiera nacido con veintidós años, no había ni rastro de su existencia antes de esa edad, ni un registro, un cambio de domicilio, nada. No me lo explico. Ahora ella está dormida en el sofá de mi living, después de almorzar un insulso arroz con hierbas aromáticas. (Realmente la cocina nunca fue mi fuerte).  Tres meses de investigación y ni un dato que le ayudara a recordar. Nunca creí que conocería a una persona amnésica... Y… ¿porqué tuvo que tocarme justo a mí algo así? Ese pensamiento es muy egoísta, lo sé, pero no puedo quit...

Felicidades a todos!!!

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Muchas felicidades en estas fiestas para todos mis amigos, quizá no los conozca personalmente pero ya son parte de mi vida. Para todos ustedes mis relatos y mis mejores deseos para estás fiestas de Navidad y Fin de año. Un gran abrazo desde mi corazón al tuyo. Besos :)

Corazón de fuego

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El muchacho caminaba velozmente hacia la esquina, con la intención de cruzar la calle mientras el semáforo estaba en rojo. Casi llegaba, un paso, dos más y listo. Pero a mitad del segundo paso alcanzó a notar que algo iba hacia él. Sintió un golpe y se encontró despatarrado en el piso, con el sonido una voz masculina que le pedía disculpas. El hombre que había tropezado con él le tendió, a modo de disculpa un pequeño pergamino. El joven lo tomo sin pensarlo y ya estaba por preguntarle al hombre qué significaba eso, cuando se dio cuenta de que el hombre ya se alejaba con paso ligero. El muchacho, llamado  Gabriel, observó el pergamino.  Contenía sólo una frase: “La sabiduría es una luz que se intensifica sólo cuando el portador la necesita.” Gabriel se quedó observando el papel unos instantes y luego se los guardó en el bolsillo. Continuó  caminando hacia su casa cuando escuchó a dos mujeres que discutían. -No sé de dónde sacaste vos que él te quiere y sin embargo nunca ...