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Hielo y brasas

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Los dos luceros no brillaban con la alegría de siempre, se habían vuelto trozos de hielo, consumidos por la desconfianza. Un puñal de acero no habría causado en ella peor herida que esa hecha por él, una herida cruelmente certera e irreversible. Sucedió esa noche. Se suponía que debía ser una velada de luces de amor danzantes, pero se transformó en una gran cascada de tinta, manchando de dolor y puñales el alma de ella. Todo por esa extraña mariposa incandescente que acabó revelando su naturaleza de viuda negra. Ella la había visto, una sombra revoloteando en torno a él, que parecía no darse cuenta de esa presencia ineludible. Un baile interrumpido para que él buscara dos bebidas. Un hilo dañino del destino quiso que sus dos estrellas azules se cruzaran con las dos brasas de la mariposa. El magnetismo fue invencible y él cambió la danza de la luz por el revoloteo negro de la mariposa, que a él le parecía lo más excelso del mundo.  Mientras tanto, ella, cansada de esperar el retor...

Caliel

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Un amuleto en el cuello de un príncipe podía ser considerado por muchos como una frivolidad, un mero adorno de la realeza. Pero para el príncipe Germán [1] , ese amuleto en forma de media luna era lo utilizaba para comunicarse con su protector y consejero, el ángel Caliel. [2] Ambos se habían conocido por medio de una simple pero poderosa petición que el príncipe había hecho: un poco de ayuda para lograr aprender a ser un buen gobernante.  Apenas un día después de ese pedido, Caliel se presentó ante el príncipe, vestido de blanco pero con sus alas ocultas. Al verlo, Germán supo, de forma misteriosa, que tenía ante sí la respuesta a su pedido, por lo que quiso hablar a solas con el recién llegado.  Entonces, apenas la puerta se cerró, Caliel retiró de sus alas la capa de espejitos que las mantenía invisibles. El príncipe Germán quedó asombrado no sólo por la belleza de esas plumas que a pesar de ser blancas brillaban como plata, sino también por la mirada solemne y confiable...

La palomita

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Foto de mi autoría La torcaza era testigo de la rutina diaria  de la mujer. Todos los días volaba hasta el limonero y veía a través de la ventana. La mujer aparecía en la sala-comedor y encendía el televisor para ver su programa de aeróbicos, los cuales realizaba al mismo tiempo que la entrenadora. Luego de una hora de gimnasia ininterrumpida, se dirigía hacia el baño. En ese ínterin la torcaza volaba dos jardines a la izquierda y se comía las semillas de sésamo que el niño tiraba por la ventana cuando su madre no lo veía, pues no le gustaban las galletas ligth, prefería un paquete de obleas de chocolate. La palomita regresaba al limonero y volvía a mirar por la ventana. La mujer preparaba su café al mismo tiempo que hablaba por teléfono. Cuando ella se sentaba a la mesa, la torcacita volaba un jardín a la derecha y bebía agua de la fuente que allí había. Cuando regresaba siempre encontraba a la mujer lavando su taza y yendo raudamente a lavarse los dientes. La palomita bostez...

Iniciación

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Ayer, 21 de Septiembre fue Mi día del estudiante. Estaba con mi tutor recorriendo las calles en el patrullero cuando no llamaron de forma urgente: una financiera acababa de ser asaltada. ¡Tan temprano! Apenas 08:30hs (realmente el crimen no conoce de horarios ni descanso). De inmediato nos dirigimos hacia el lugar de los hechos, justo a tiempo para ver como los dos asaltantes salían disparados en una motocicleta. Sin siquiera respirar iniciamos una persecución que nos llevó hasta un barrio catalogado como peligroso . Los ladrones descendieron del vehículo y nosotros hicimos lo mismo. Apenas cerré la puerta del auto cuando una bala silbó junto a mi oreja. Enseguida se inició el tiroteo. Aún ahora no estoy seguro de cuanto duró esa lluvia de balas, pero se interrumpió cuando vimos caer a uno de los asaltantes. Por un terrible momento   creí haberlo matado, pero, afortunadamente, comenzó a moverse. El otro sospechoso optó por entregarse y se echó al suelo. En ese momento llegar...

La fuente

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Era un hermoso náufrago, rodeado de lentejas y repollitos de agua que lo envolvían tímidamente con un colchoncito esmeralda, así estaba el Nenúfar, con su base redondeada meciéndose suavemente por el vaivén que originaba la cascada al fundirse con el estanque, y su corona rosa rodeando su corazón de oro daba una nota de elegancia y color al pequeño hábitat de los diminutos casius dorados y rojizos, que nadaban indolentemente sin pausa ni prisa. Ese rincón y esa fuente de vida y serenidad eran lo que ella más amaba de toda su casa. Allí se sentaba durante horas, perdidas su mirada en el agua y su mente en los recuerdos. Porque había sido en ese lugar, tan sereno que había pasado los mejores y peores momentos de su vida.  Allí se había sentado a compartir un helado con él, a pocos días de conocerse. Allí había hablado de la forma más sincera posible, para que él se diera cuenta que ella no era una chica cualquiera. Allí recibió el beso, ese que no fue el primero pero que se...

Paciencia

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Foto:  http://www.patagonia.com.ar El alba pura, limpia, se transforma lentamente en una acuarela cambiante de oro, rosa y fuego. Era un amanecer lento, casi parsimonioso. El tiempo parecía ralentizarse. Andrés esperaba, como todos los días, con la cámara fotográfica lista para retratar la imagen que mejor expresara la belleza  del amanecer patagónico. Cada madrugada, el despertador sonaba antes de que el sol saliera. Andrés tardaba apenas dos minutos en acomodarse en el techo de su casa, ubicada junto a un ruta, cerca de la ciudad, y enfocar su cámara fotográfica hacia el horizonte, hacia el sol naciente. Esperaba, ignorando el frío de esas horas que preceden al alba. El cielo cambiaba de azul profundo a un violeta calmo, con algunas estrellas plateadas y perezosas. Era un momento de paz absoluta, incluso la respiración se tornaba lenta, como si Andrés quisiera aspirar toda esa serenidad y guardarla en sus pulmones y su memoria.  Tenía los ojos cerrados y el alma des...

Empatía

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“Sufrir no, mirar la vida de otra forma. Sentir tu dolor me ayudará a curarlo.” Eso fue lo que pensé aquel día. Y decidí adoptar esa filosofía de vida. Verán, yo siempre fui diferente a los demás, pero llegó el día en que mis particularidades me pusieron en un gran lío. Hasta ese momento sólo mi vestuario era diferente del resto ya que me gustaba tener siempre un toque de violeta, mi color favorito. De esa forma un pañuelito o un esmalte de uñas de ese color eran suficientes para lograr el efecto. Era casi imposible que las personas permanecieran indiferentes, de hecho a veces notaba expresiones de interés y me preguntaba qué sentían al conocerme, porque algunas se detenían a charlar conmigo, aunque más no sea para preguntarme la hora. Confesaré ahora que durante mucho tiempo sentí curiosidad por los sentimientos de la gente, especialmente por aquellos que parecían preocupados, o peor, abrumados por algún problema. Veía a esas personas tan aplastadas por sus propias emociones que yo ...