Agonía
Acabo de encontrar un corazón tirado en el suelo, está muy pálido. Me mira y su dolor es tan insondable que me traspasa.
¡Porqué me traspasa tan fuerte? Durante un momento creo que está enfermo, luego descubro con horror que es algo peor, está malherido, como si lo hubieran cortado de un solo golpe. Apenas un débil hilo de plata lo mantiene unido, pero todo indica que sus mitades no tardarán en separase. Unos pequeños trozos de color rubí están esparcidos en el suelo y se desintegran.
Comprendo que aún si pudiera volver a unirlo ese corazón jamás sería el mismo, siempre quedarían piezas faltantes, cicatrices eternas.
¿Cómo habrá llegado a semejante estado, completamente agonizante?
No dejo de pensar que ya lo conozco pero si es ese que yo recuerdo algo espantoso debió sucederle, pues yo lo veo en mi mente como un corazón brillante, alegre, con latidos poderosísimos, llenos de vida y desafío. Me resisto a creer que sea el mismo. Si así fuera…
Me llevo una mano al pecho. Noto un vacío. Algo falta. Vuelvo a mirar a los ojos de ese corazón que empieza a congelarse. Su tristeza me domina y su dolor me hace llorar. Con un último aliento murmura un nombre… el de él.
Sus ojos brillan, se ahoga en lágrimas que me lastiman las mejillas. Me inclino y le seco una lágrima que me quema. Él sabe que no puedo salvarlo. He olvidado la fórmula para curar sus heridas y no tengo repuesto de hilos de plata. Realmente no puedo salvarlo y ya ni sé si quiero hacerlo. Él me mira y su dolor no tiene fin.
El hilo de plata se rompe. Los dos trozos del corazón se congelan, se despiden para nunca reencontrarse y luego se derriten. El pavimento absorbe el agua.
El corazón ha desaparecido para siempre.
Y yo sigo viviendo… sin sentir la ausencia de mi propio corazón, total, ya se ha perdido…. Para siempre.

Comentarios
Un gusto leerte amiga
(Algunos dicen que la muerte sí, pero es una teoría no comprobada)
Me gustó tu relato. Escribes bien...