Alex reconoció de inmediato al ángel. Tenía el mismo rostro asustado y
sufriente, sólo que esta vez no estaba atrapado entre espinas sino sentado en
un banco de plaza. Su expresión era de una tristeza insondable.
Alex supo que era “su” ángel pero al principio no supo si acercarse o no.
Se balanceó en el lugar unos momentos y luego quedó mirando al ángel. Finalmente
obedeció a un impulso y se sentó en el banco, a menos de un metro del ser que
llevaba seis meses buscando. Se aclaró la garganta y eso hizo que el rostro
triste se vuelva hacia él.
-¿Estás bien?-preguntó Alex.
El ángel lo miró y luego volvió a fijar su vista al frente. Luego habló con
voz tomada.
-No importa, igualmente no puede ayudarme. Mi problema no tiene solución.
-¿En serio? ¿Qué tipo de problema es?





























