Sol del olvido
Había una vez una ciudad… o al menos eso creo. La cuestión es la siguiente:
no se puede visitar esa ciudad dos veces sin asombrarse, así que la segunda vez
no se está realmente seguro de que es la misma de la víspera. Yo mismo tuve que
verla tres veces, y recién antes de recorrerla por tercera vez tuve la idea de
escribir todo para corroborar que no estaba volviéndome loco. He aquí mi
relato:
“Me encuentro en la ciudad de Preterición,
al menos eso me dijeron cuando pregunté mi ubicación actual. Lo primero que me
llamó la atención al salir a caminar luego del desayuno es el ánimo alegre de
todas las personas que encontraba en mi camino. Recorriendo las calles de la
ciudad noté que frecuentemente tanto niños como adultos se señalaban unos a
otros cosas que a mí me parecían normales, como una vitrina, un árbol, un
edificio antiguo. Era extraño el nivel de sorpresa que se veía en todos,
parecían extremadamente felices de ver cada cosa de su entorno. Este fenómeno
se repitió todo el día hasta que el sol se ocultó. Mientras cenaba en un
restaurante noté que los camareros tenían problemas para recomendar algún plato
especial, todos decían que acababan de empezar ese día a trabajar pero que todo
parecía delicioso, al menos a la vista. Así que decidí pedir una simple tarta
de verduras y no complicar al confuso camarero. Sin embargo todos los
comensales elogiaban los platos diciendo que era la primera vez que los
probaban pero que sin duda lo repetirían nuevamente. Otra vez ese ambiente de
sorpresa continua. He llegado a la idea de que esta ciudad parece muy alegre,
pero algo no termina de cerrar en mi cabeza. Me siento confundido y bastante agotado
por ver tanta energía y admiración a mi alrededor, así que tal vez una noche de
sueño me ayude. Mañana veré que trae el amanecer.”
Ese fue mi tercer día en la ciudad. Afortunadamente lo tengo anotado, de lo
contrario me habría vuelto loco. Porque ahora, al anochecer del cuarto día aquí,
finalmente pude entender el misterio.
Un par de horas atrás estaba cenando en el mismo restaurante del día
anterior y como me atendió el mismo
camarero le pedí un lomo a la pimienta y el mismo vino que había elegido el día
anterior, cuya marca no recordaba. Entonces el camarero me dijo que debía ser
claro con mi pedido porque {el no recordaba haberme servido el día anterior, y
antes de que yo hablara agregó que acababa de comenzar a trabajar ese mismo
día. Extrañado y algo perdido pedí la carta y elegí el vino. Cené como si todo
fuera normal pero con miles de preguntas en la mente. Luego decidí calmarme con
un capuccino así que entré en una cafetería y, sin prestar atención a las
conversaciones llenas de sorpresa de mi alrededor, me acomodé en una mesa junto
a la ventana. Volví a leer el relato del día anterior y realmente algo no me
cerraba en la mente. Entonces un camarero se me acercó. De haber prestado
atención habría notado que él no tenía ni esa expresión de sorpresa continua ni
aspecto de camarero común sino de un superior. Le hice mi pedido y cuando lo
trajo me preguntó gentilmente si podía acompañarme. Yo ya estaba empezando a
creer que estaba loco así que asentí. Entonces el hombre habló con una voz
profunda, calmante en cierta forma.
-¿Usted es extranjero, verdad?
-Sí, respondí casi sin ganas.
-Entonces déjeme asegurarle que no se ha vuelto loco ni nada de eso. Yo
tampoco nací en esta ciudad y cuando vine a vivir aquí al principio estaba tan
confuso como usted. Pero le voy a explicar todo.
“Le dijeron que esta ciudad se llamaba Preterición. Bien, esa palabra es
sólo un sinónimo poco común de la palabra “Olvido”. Por eso a veces les digo a
las personas que viven en “La ciudad del olvido”. Pero como ellas no recuerdan
que yo digo eso siempre se sorprenden y preguntan porqué la ciudad tiene un
nombre tan raro. Muchas veces lo expliqué al comienzo, pero cuando entendí,
dejé de hacerlo porque era inútil. La verdad es, mi amigo, que en esta ciudad
ocurre un fenómeno singular y, creo yo, único en el mundo. Cada día al
despertar las personas olvidan lo que ocurrió el día anterior, apenas sale el
sol todos los recuerdos de la jornada anterior desaparecen. Es por eso que las
personas viven en constante sorpresa, no pueden reconocer ni su propia ropa y
apenas si su casa. Por eso cuando salen por la ciudad es como si la visitaran por
primera vez y todo les parece nuevo y sorprendente. Todos los días ocurre lo
mismo, aunque noté que en los días nublados los recuerdos del día anterior
vuelven, al menos la persona se acuerda de que estuvo comiendo en ese
restaurante ayer. Pero como hay pocos días nublado, son casos raros. Otra
curiosidad es que ese fenómeno no afecta a quienes no nacieron en esta ciudad,
por lo que usted está a salvo. Bien, ahí tiene la explicación al misterio, todo
ocurre al amanecer, por culpa, si se quiere, del “Sol del olvido.”
Sobra decir que yo estaba estupefacto, pero todo tenía sentido, y aunque no
conocía al hombre creí firmemente en sus palabras.
Ahora, a punto de irme a dormir, pienso que ya he pasado mucho tiempo en
ese lugar y decido seguir mi viaje, completamente seguro de no olvidar jamás mi
estadía en “La ciudad del olvido.”
FIN

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