Ensueño de luna



Ella caminaba lentamente por el sendero otoñal. Las hojas caían silenciosamente y algunas, las más rebeldes, detenían su vuelo al enredarse en el cabello de la joven.
Su marcha era lenta pero compleja, debido principalmente a lo cambiante del paisaje. El camino había iniciado de forma extraña. Lo único que ella supo fue que se encontraba frente a un sendero de piedritas blancas. A sus espaldas sólo había una gruesa pared, tan alta que quitaba todo deseo de escalarla, y tan extensa que no se veían sus extremos. La joven sabía exactamente lo que significaba esa muralla: su yo anterior, la persona que era antes de encontrar su camino definitivo. La niña inocente, sobreprotegida, que desconocía la maldad del mundo, que nunca se hubiera atrevido a nada peligroso, esa niña se hallaba ahora tras esa pared y no había forma alguna de volver a hacer contacto con ella. Sin embargo la joven no tenía intención de retroceder a su estado anterior. El detonante fue un robo a mano armada que sufriera hace pocos años. En ese episodio tuvo real conciencia de que el mundo no era rosas y música. El deseo de encontrar al ladrón que le arrebatara la billetera hizo que se transformara, en menos de una semana, en una experta localizando personas, mejor dicho, sospechosos. Y ese fue el inicio de todo, absolutamente todo.
Los primeros pasos del sendero de piedritas blancas estuvo matizado con jirones de niebla, pero luego el cielo se estrelló, e inmediatamente se incendió de forma invencible, para luego tornarse pacífico, con una leve llovizna. Mientras los cambios se sucedían, ella iba recordando el proceso que marcó su futuro: el inicio lleno de dudas buscando al ladrón, la claridad de localizarlo, la intensidad de la adrenalina al enfrentarlo y detenerlo, y finalmente, la calma que vino del hacer justicia, de saber que él estaba encerrado y de haber descubierto lo que realmente nació para ser. Porque luego de ese episodio sintió una especie de deja vú, como si capturar a un criminal fuera algo que hiciera anterior y frecuentemente. Al llegar a ese pensamiento, el sendero dejó de ser de piedritas blancas y se volvió de un mármol de tonalidades azules, mientras el cielo se incendiaba nuevamente. Una fuerte ráfaga de viento con sabor a decisión encrespó el cabello de la joven. Su mirada se tornó firme pero serena. Estaba al borde del sendero, a centímetros de un acantilado cuyo fondo parecía mezclar diversos colores, como una paleta de pintor. Cada color era un sentimiento, una historia, una memoria. Sabía perfectamente que si se arrojaba no había vuelta atrás, tendría que salir a flote y luchar para no ahogarse en los colores que significaban derrota.  Pero no le importó, no quería retroceder. Sólo sabía moverse hacia adelante. Y así lo hizo. Dio un paso…
En ese momento el despertador cantó estridentemente. La joven despertó pero no hizo más que apagar el reloj. No quiso abrir los ojos aún. El abismo de colores y las sensaciones eran aún presencias intensas. Luego de saborearlas un instante finalmente abrió los ojos. Se levantó y se contempló frente al espejo. Sí, era la misma imagen del sueño, la misma mirada firme y serena de una persona que despierta convencida de seguir el camino que eligió y que vuelve a elegir todos los días. Una persona que sólo sabe moverse hacia adelante.
La detective Luna Guerrero sonrió al espejo y comenzó a prepararse para un nuevo día.


FIN







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Comentarios

Despues de un tiempo volví a deleitarme con un cuento tuyo.
Un ciberabrazo de luz para vos.
Lao ha dicho que…
Me gustó mucho tu cuento Vaeneria, no decaigas que escribís muy bien. Hay veces que uno no se entera de algún escrito, en razón del a veces tiempo limitado. Muy afectuosos saludos.

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