Pensamientos


Acaso fuera obra de la casualidad,  quizá del destino, lo cierto era que Juan se hallaba en un lugar extraño. Parecían las ruinas de una enorme y moderna ciudad, cuyos destruidos edificios debieron ser mucho más enormes de lo que Juan recordaba. Porque a pesar de la desolación logró reconocerla. Era su propia ciudad, la misma en que vivía, al menos hasta llegar a esas ruinas. No sabía cómo había llegado, pero comenzó a sentir que lo observaban al mismo tiempo que un escalofrío le traspasó el cuerpo. Se dio vuelta de repente y quedó aterrado. Estaba contemplándose a sí mismo, pero al mismo tiempo veía a alguien completamente diferente: su ropa era la misma pero Juan vestía de blanco y su clon de negro, lo que le confería un aspecto siniestro, aunque nada de su atuendo era más intenso, oscuro e impresionante que su mirada. Juan jamás imaginó que sus ojos pudieran transmitir tanta crueldad y desprecio. Le fue imposible recordar alguna ocasión en que su mirada fuese tan violenta, no consiguió reconocer esa expresión como una utilizada en el pasado. Entonces decidió hablar, quizá encontrara alguna explicación.
-Hola, dijo con voz temblorosa, ¿Quién sos?
Luego quedó callado, avergonzado por preguntar semejante cosa. Hizo una leve sonrisa de disculpa. Pero su otro yo no se la devolvió, sino que su expresión se tornó aún más desdeñosa. Juan deseó salir corriendo pero sólo atinó a preguntar:
-¿Dónde estoy? Se parece mucho a mi ciudad pero ésta es una ruina.
Al ver que el otro no le respondía, decidió arriesgarse.
-Es mi ciudad, ¿no? Dudo que haya dos iguales. Pero ¿qué le pasó? ¿Algo la destruyó?
Finalmente su oscuro gemelo rompió el silencio. Su voz era fría como el hielo y al primer sonido Juan sintió un impacto tan doloroso como un balazo. El efecto fue al devastador al oír las palabras del otro
-Tú destruiste ésta ciudad.
-¿Cómo? ¡Eso es imposible! Yo no podría destruir… ni una pared.
-Es evidente que tú, debilucho y obediente como eres, nunca podrías, pero… tu otra parte, la mejor, la más real y fuerte sí puede destruir todo lo que quiera. Yo soy esa parte y puedo eliminar todo lo que quiera, mejor dicho todo lo que quieres pero no te animas a desarmar, por decirlo de algún modo.
-No entiendo nada.-musitó Juan con voz débil.
-Es muy simple. ¿realmente creías que la única realidad es aquella en la que tú vives? Ya deberías saber que todo en este mundo tiene su opuesto, incluso lo que puedes llamar tu medio. Y como existe una realidad opuesta, es lógico que también exista un opuesto de cada cosa que hay en ella. Así, tú eres una persona en tu espacio pero yo soy tu opuesto en éste lugar, y hago todo lo que tú no te sientes capaz de llevar a cabo. Así fue como destruí ésta ciudad. Tus pensamientos eran mis acciones, tan naturales como lo es para ti caminar, pero mejor. Cada vez que tú te enojabas con algún compañero de oficina y pensabas “Realmente lo odio, quiero matarlo” yo simplemente iba a buscar a esa persona, que también existía en mi realidad y, como algo natural, lo mataba. ¿Entiendes?, lo que no hacías por ser algo contrario a tu personalidad yo sí podía hacerlo porque era natural en mí. Y así fue que una vez, molesto con el transporte, pensaste lo horrible que era tu ciudad y deseaste destruirla, pero, obviamente no podías, así que yo, aquí, lo hice, simplemente con el poder de un deseo implacable de ver una verdadera catástrofe.
Juan estaba paralizado. No sabía que decir ni pensar. Era imposible… pero ahí estaban, frente a él, su opuesto y la ciudad en ruinas. ¿y él era el culpable? Un momento, un pensamiento maligno había tenido como consecuencia la desaparición de una ciudad entera? ¿Y el compañero de oficina que su opuesto había matado? Él había tenido ese pensamiento hacia muchas personas, ¿acaso significaba que cada una de ellas también había muerto a manos de ese opuesto asesino e implacable? Un escalofrío le heló el corazón. No es posible, pensó. Pero luego comprendió que no era posible en su realidad, pero sí en la contraria.
-¿Qué hice? ¿Qué hice?-dijo desesperado. Luego comenzó a correr de un lado a otro gritando desgarradoramente, hasta caer de rodillas. Mientras tanto, su clon lo observaba con una expresión de satisfacción. Juan estaba desconsolado.
-Quiero… quiero matarme. En serio… aunque sé que no puedo.
-Pero yo sí-dijo el opuesto.
Y antes de poder moverse si quiera Juan sintió un par de manos que le aferraban mortalmente la garganta…. Luego todo se oscureció….
Un murmullo de voces le hizo abrir los ojos. Estaba tendido en el suelo, con todos los jugadores rodeándolo, tanto de su equipo como del contrario. Uno de éstos últimos le preguntó:
-¿Estás bien? Perdón, calculé mal al patear.
Juan se dio cuenta que era el compañero de oficina cuya muerte había deseado mentalmente. Entonces estuvo a punto de dirigirle una mirada de odio cuando se detuvo repentinamente. Sintió miedo. Suavizó su mirada hasta convertirla en amistosa y sonrió. Los demás le ayudaron a ponerse de pie y luego de un descanso continuaron con el partido de fútbol.

FIN


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Comentarios

Celina ha dicho que…
Hola Vae!! me recordás??Me encantó tu cuento.Espero volver a los blogs pronto!!!!
Lao ha dicho que…
Hola Vaeneria! acabo de leer tu interesante historia que recién descubro. Me gustó mucho. Tienes gran imaginación y hablidad para transmitirla. ¡no dejes de hacerlos! Saludos afectuosos para vos.

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