El Rescate (I)
Capítulo 1
El viaje, como casi todo en la vida, inició con a partir de una decisión,
que a su vez surgió de una necesidad: recuperar su tesoro más preciado, aquel
que viajaba en esa maleta se extravió en el aeropuerto.
Todo había comenzado con una llamada de su madre.
-Marquito, le dijo ella con dulzura, ¿sabés que día es pasado mañana?
-Sí, mamá, es tu cumpleaños (¿cómo olvidarlo si me lo estuviste recordando
todos los días desde que empezó el mes?, pensó Marcos)
-Vas a venir, ¿no? Voy a preparar la torta con dulce de leche que tanto te
gusta, y ni te imaginás lo que te compré.
-Mamá, se supone que yo debería comparte algo a vos y hacerte una torta.
-No importa, respondió ella con entusiasmo, decimos que todo lo hiciste vos
y listo. Bueno, te espero mañana a la noche para la cena.
-Esta bien, nos vemos mañana. Saludos a papá. Beso.
-Un beso para vos también, Marquito. Cuidate mucho
-Ustedes también. Chau.
Así fue que Marcos abordó al día siguiente, en el aeropuerto de Sauce
Viejo, el avión hacia Buenos Aires. El viaje fue rápido y Marcos apenas alcanzó a dormir una siesta.
Sin embargo, el sueño se le fue de golpe cuando, al recoger su maleta, le
dieron la de otra persona.
Inmediatamente Marcos se acercó a la ventanilla para protestar. Tuvo poco éxito:
aunque reconoció el error, la empleada de la compañía no le solucionó el
problema, sólo atinó a pedirle su número de teléfono y asegurarle que le
comunicarían cualquier noticia sobre su maleta.
Media hora más tarde estaba ante su madre, luego de un lento viaje en
taxi, un forzado saludo y una débil
felicitación de cumpleaños de su madre. Al oír lo ocurrido, ella le dijo que no
se preocupara tanto, que esas confusiones con el equipaje eran cosa de todos
los días en un aeropuerto. Luego añadió:
-…total, sólo tenías ropa en esa valija. No es nada que no se pueda
reponer.
Marco abrió la boca para afirmar pero volvió a cerrarla. Confirmar las
palabras de su madre hubiera sido mentir.
Sí existía algo en esa valija que era imposible de reponer: sus escritos,
cuentos y reflexiones en su mayoría, aquellos que dormían en un cuaderno tan
amarillento como querido (un regalo de su tío). Las palabras que había escrito,
sacadas no de su mente sino de su corazón, todos esos trozos de su alma…
perdidos y viajando quien sabe adonde.
¿Qué ocurriría cuando el dueño abriera la maleta y descubriera el error?
Por unos instantes Marcos imaginó su cuaderno tirado en el fondo del basurero…
y se le estrujó el corazón.
Se puso de pie con decisión ante la mirada sorprendida de su madre, luego
se volvió hacia su padre:
-Papá, necesito que me prestes el auto, tengo un viaje importante que
hacer.
Si sus padres se sintieron sorprendidos lo disimularon perfectamente. Cinco
minutos después Marcos colocaba la llave en el viejo automóvil de su padre, un Chevy
del año 1974 color azul con franjas blancas. En el asiento del acompañante
llevaba una pequeña mochila que contenía un block de hojas, un lápiz, una
birome, sus documentos y cinco sándwiches de jamón y queso (nunca supo cómo
hizo su madre para prepararlos en menos de cinco minutos).
Encendió el estéreo, colocó un casette de rock nacional, hizo girar la
llave… y comenzó el viaje más extraordinario de su vida.

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Saludos :)