El rescate (II)
Marcos estaba recostado en el Chevey esperando que el encargado llenara el
tanque, mientras releía la dirección que le diera la telefonista del sector de
equipajes del aeropuerto. Allí debía estar, sin duda, el tesoro más preciado de
Marcos, aquel que se extravió cuando su
valija fue confundida con la de otro pasajero. Marcos decidido a recuperar su
maleta y, más importante, los cuadernos de reflexiones y cuentos que estaban en
ella, esos trazos de su alma plasmados en papel que él clamaba por recobrar. De
esa forma tan repentina había iniciado el viaje de Marcos.
Al anochecer del segundo día de marcha ya había leído tanto el nombre y la
dirección que le dieron que sentía como si conociera a la persona que iba a ver
por primera vez al día siguiente. No obstante no dejó de preguntarse cómo sería
ella, la mujer cuya valija le entregaran erróneamente. Mientras se acomodaba
para dormir empezó a imaginar el encuentro del día siguiente. Se veía estacionando
el Chevey frente a una bonita casa y saludando a una mujer muy atractiva, que
le invitaba a tomar un café acompañado con torta casera, luego entablando una
agradable conversación y sonriendo al ver que ella quedaba fascinada con el
hecho que él escribía cuentos, y más aún quedara luego de escuchar uno de esos
relatos. La despedida era un intercambio de datos de contacto y luminosas
sonrisas. Con el resplandeciente rostro de la muchacha ante sus ojos, Marcos se
quedó profundamente dormido.
A las once de la mañana de su tercer día de viaje; Marcos llegóa a la
dirección indicada y estacionó el Chevey frente a una casa muy antigua, algo
descuidada e intimidante. Tocó el timbre entusiasmado y esperó. La puerta se
abrió chirriando y se asomó el rostro de una mujer de unos cuarenta y tantos
serio hasta la irritación. La sonrisa de Marcos vaciló ligeramente antes de
hablar.
-Buenos días, señora, mi nombre es Marcos y estab…
-¡Señorita!-corrigió bruscamente la mujer- ¿Qué venís a molestar tan
temprano?
-Perdone… señorita, yo sólo vine a recoger mi maleta, en el aeropuerto las
confundieron y me entregaron la suya así que vine….
-¡Ya era hora!-gruñó la mujer- Me gasté dos pesos en llamadas para reclamar
por mi valija. ¿Quién me devuelve esa plata ahora? En fin, ¿dónde está mi
valija?
-Ehhh… sí, aquí está, en mi auto, ahora se la traigo.
-¿Llamás a eso auto? Es una carcasa vieja.
“Lo mismo que usted”, pensó Marcos mientras le pasaba la maleta.
-Aquí la tiene, ahora ¿dónde está la mía?
-Ah, no, no la tengo. Apenas vi que tenía ropa de hombre y un montón de cuadernos
y papeles me pareció sospechoso y la tiré al contenedor de basura.
-¿Q-que? ¿C-cuando hizo eso?-Marcos se tambaleó y su rostro perdió el
color.
-Ya te dije, fue apenas lo abría hace tres días. Ese mismo día se llevaron
el contenedor, lo cual es un alivio porque quedaba horrible frente a mi casa.
Y sin más la mujer le cerró la puerta en la cara.
Marcos estaba aturdido, apenas se movió. Finalmente, caminando como un
verdadero autómata se subió al Chevey y arrancó.
Fin del capítulo II

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