Una cuestión de percepción.


Apenas un rayo de luz se filtraba por la ventana, tocando  con su brillo creciente el rostro dormido de Lucy. Sin abrir los ojos ella hizo un gesto de fastidio. Al instante sonrió. Cada mañana ocurría lo  mismo, pues por pura voluntad había decidido dejar la ventana entreabierta para que el primer rayo de sol que entrara en la habitación le acariciara la cara. Era su sistema de despertador. Cuando ya no pudo disimular el fastidio que le producía la luz se levantó y se preparó para un nuevo día.
Luego del desayuno tomó su equipo de trabajo, se calzó el traje y salió. Luego de media hora de caminata por un bosque de arrayanes, oyó que alguien gritaba pidiendo ayuda. Se acercó y observó que una señora estaba recostada contra un árbol, temblando mientras no quitaba la vista de un hombre que estaba revisando el bolso que acababa de arrebatarle. Lucy parpadeó con interés, llevó su mano a la espalda, empuñó y sacó de un estuche cilíndrico y largo una Nodachi, la tradicional espada japonesa usada por los soldados que andaban a pie, con la diferencia de haber sido fabricada con materiales modernos que la hacían más liviana y con el filo corriendo a lo lago de la hoja, no en tramos como las usadas antiguamente.

Se acercó sigilosamente al ladrón y apoyó en su nuca el filo de la espada. El hombre se paralizó al sentir el frío del acero en su piel, su rostro adquirió una expresión de terror y oyó una voz suave pero firme que le hablaba.

-Por favor, suelte, ese bolso ahora.
-¿Quién es?-masculló él con voz tomada. Apenas alcanzó a distinguir un mechón de cabello color fuego.-¡¿Una chica?!-chilló.
-Cállese y suelte ese bolso… ahora.
Una presión sobre la piel y un dolor hicieron callar al ladrón. Sus manos dejaron caer el bolso.
-Bien, ahora dígale a la mujer que recoja su bolso y se marche.
-Pero…
-¡Hágalo!.
La presión aumentó y sentir un pequeño hilo de sangre hizo que el ladrón saltara dando un grito. La mujer recogió su bolso aprovechando el momento y retrocedió murmurando “Loco”.
El hombre, temblando como una hoja le respondió a los gritos que no estaba loco, que había alguien que lo amenaza con un cuchillo en la nuca.
La mujer lo miró perpleja, recorrió el paisaje y no vio a nadie más que el ladrón saltando de un lado a otro como si tratara de esquivar un ataque. Retrocedió lentamente, al darse cuenta de que el hombre no le prestaba atención se dio vuelta y se marchó a paso ligero mascullando sobre la locura repentina del hombre.
Mientras tanto el hombre continuaba saltando, hasta que se de repente se vio derribado de un golpe en la nuca. Incrédulo levantó la vista.
Una chica con el cabello color fuego, vestida de blanco y negro sostenía una espada japonesa apoyada sobre su hombro.
-¿Quién… quien eres?
-No importa, tengo sólo dos preguntas que hacer. Si no las respondes correctamente tu vida se acabará aquí y ahora. Primero:¿Piensas seguir por este mismo camino, del crimen y el dinero fácil?
-Eh… yo… en realidad creo que… que…-el hombre se llevó la mano a la nuca y palpó el corte que tenía allí-No-dijo al fin-, no pienso volver a robar. Además… si llegara a hacerlo… ¿aparecerías nuevamente?
Lucy lo observó un instante y decidió dilapidar su esperanza.
-No tengas la menor duda de ello. Has respondido correctamente pero aún queda otra pregunta. Imagino que has notado que la mujer actuaba como si no pudiera verme. Entonces, ¿sientes que te has vuelto loco?
-Sí, dijo el hombre con voz de derrota, no hay duda de que si ella no te vio sólo existes en mi imaginación, por lo tanto estoy completamente loco, aunque no sé cómo llegué a esto.
-Tu respuesta fue afirmativa pero no correcta. Es verdad que la mujer no podía verme, pero no soy producto de tu imaginación. Yo soy real, lo suficiente como para empuñar una espada y cortarte el cuello con ella. No sé explicarlo científicamente pero sólo las personas que actúan mal pueden verme, lo descubrí hace un tiempo y decidí emplearlo como trabajo, protegiendo a los demás, haciendo justicia y eliminando el crimen, no matando a los criminales sino tratando de que, como tú, vean el daño que causan y decidan enderezar su camino. Es obvio que no todos se cambian al camino del bien, es entonces cuando debo ser más dura en los castigos, para que si no cambian, al menos se lo piensen dos veces antes de cometer un delito o molestar a alguien sin motivo. Generalmente sólo basta un golpe para vencer, no un golpe de la espada, sino simplemente que adviertan que los demás no pueden verme. Al igual que en tu caso, la sorpresa los deja completamente desarmados y así es más sencillo convencerlos de cambiar de vida. Contigo parece haber funcionado.
El hombre había permanecido arrodillado mientras Lucy hablaba. Levantó la vista y vio que ella le tendía la mano. Dudó unos instantes y luego le tomó la mano y se levantó. Parecía que tenía mucho que decir pero de su boca no salió ni una palabra. Apenas si logró colocar una mano temblorosa en el hombro de ella y esbozar una débil sonrisa. Lucy afirmó con la cabeza se dio vuelta y retomó su camino por el bosque.
“Primer trabajo del día y primer arrepentimiento sincero que veo en varios días, pensó Lucy,. Nada mal para ser sólo las diez de la mañana. Es un buen augurio.”
Continuó avanzando entre los arrayanes, mientras el viento extendía tras ella su cabello de fuego al mismo tiempo que danzaba entre las ramas.
FIN
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