Sorpresa ¿romántica?




Memorias de ti… no tengo muchas, la verdad. No sé porqué te sorprendés. Después de todo la culpa fue tuya. Totalmente tuya. No trates de negarlo. Sabés que tengo razón.

Pienso que debí darme cuenta de que las cosas andaban mal, pero siempre te las arreglaste para ocultar la verdad. Yo no imaginaba nada, nada. O eso creías…

La primer señal extraña fue que te quedabas más tiempo del soportable chateando en internet. Cada vez que iba visitarte terminaba comiendo la pizza sola. Era muy irritante.

Pero parece que yo estaba realmente muy ciega. O muy enamorada, que a veces es lo mismo.

Recuerdo que me molestó mucho que te olvidaras de mi cumpleaños, todo por quedarte todo el día navegando y chateando en internet. Ni una llamada, ni un mail, nada. Te dí como castigo el tratamiento de silencio una semana entera. Ahora creo que ni lo notaste porque lo único que recibí fueron cadenas de mail, pero ni una disculpa, ni siquiera una tarjeta electrónica.





¡Ah!, de paso te digo que tuve que llevar mi computadora al técnico porque me enviaste un virus que casi borra todos mis archivos de texto. ¡Casi pierdo mis relatos! ¡Cómo si no supieras que yo soy escritora y que se borren mis archivos sería espantoso! Hasta tenía ganas de pegarte cuando el virus apagó mi computadora mientras escribía. Si hubieras estado presente te tiraba con el mouse.

Eras muy, muy fanático de la tecnología, casi un adicto. Ahora pienso que el único motivo que tenías para visitarme era el hecho de que mi computadora era más rápida que la tuya. En fin, era preferible sacrificar un poco mi notebook antes que esperar a que vinieras espontáneamente.

Pero, como en muchos casos, tu mayor obsesión se volvió en tu contra. Dicen que los hombres se hacen a los golpes. Bueno, en tu caso no fue un golpe sino una paliza.

Y fue por tu propia culpa.

Todo empezó cuando tu computadora fue atacada por un virus y me pediste la mía para revisar tu correo y charlar un poco con tus amigos. Como yo tenía un administrador de correo único, creaste una cuenta propia, de modo que tus correos y los míos se veían en la misma bandeja de entrada. Jamás se te ocurrió que ese detalle te iba a costar tan caro.

Aquella tarde memorable, al menos para mí, tenías una reunión con tus amigos. En realidad era otro partido de futbol pero como era un clásico decían que era “una reunión”. Tan apurado estabas que me pediste que me fijara en un mail que te había enviado ellos para acordar el horario. Abrí el correo y leí el que llevaba el nombre de “Clásico de futbol”. Decía que la reunión era a las 17hs y estaba firmada por “Victor Ria de Amor”. Nombre común, apellido raro. Que yo sepa ninguno de tus amigos se llamaba así. Además estaba dirigida a “Amor Atiforever”. Pero era tu dirección de correo. No había duda. (¡Pero que nombre tan cursi habías elegido!) Horrible.

Lo entendí todo de pronto. No era sólo futbol e internet de lo que vivías, tenías un amor secreto. No tan secreto ya.

Me indigné. Por un momento pensé en gritarte de todo, humillarte como a un gusano, un traidor de primera. Pero después pensé que era mejor atraparte in fraganti, así que decidí “acompañarte” a tu reunión.

Cómo yo conocía el camino que ibas a tomar, me adelanté con un atajo, llegué al bar y me senté en una mesa, detrás de una en la que había alguien sentado, de cabello largo, esperando, tamborileando los dedos en la mesa. Saqué un diario de mi cartera y me oculté tras él.

Unos minutos después llegaste, miraste alrededor y te dirigiste resueltamente a la mesa delante de mí. La persona sentada tenía cabeza inclinada, leyendo el menú. Le colocaste la mano en el hombro y preguntaste: - ¿Victor Ria de Amor?

La persona levantó la cabeza y te miró, por lo que pude ver su perfil. Y fue una suerte que contestara de inmediato así pude ocultar mi risa. Porque no pude evitar reírme.

¡Era un hombre! Un joven de cabello largo, no mayor que yo, bastante atractivo.

(Pero estoy saliéndome del tema. Vuelvo)

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. No hacían más que mirarse con asombro. Vos finalmente rompiste el silencio y volviste a preguntarle a él si era “Victor Ria de Amor”. A su vez, el otro te preguntó si vos eras “Amor Atiforever”. Ambos dijeron que sí, que eran esas personas. Empezaron a hablar atropelladamente sobre que creían que estaban hablando con una chica, sobre los mail románticos que se habían enviado, sobre las canciones de amor que se habían dedicado en la radio. Era imposible decir cual estaba más avergonzado.

Era una suerte que yo tuviera el diario, de lo contrario mis risas me hubieran delatado. Aunque estaban ocupados, tratando de descubrir cómo no se habían dado cuenta que estaban coqueteando entre ellos y no con una chica. Era muy gracioso, la verdad era para grabarlo en video. Decidí colocarle la frutilla al postre y me acerqué a la mesa.

-No sabía que los partidos de fútbol se cambiaban por citas románticas. Muy tierno, José, una cita a ciegas y a mi espaldas.

No dijiste nada, estabas pálido. Luego balbuceaste algunas palabras bien incoherentes hasta quedarte callado y ruborizado. El otro no decía nada, sólo miraba sorprendido.

-Bueno, Josecito, me voy así seguís con tu cita romántica. Ah, no pases a buscar tus cosas y regalos por mi casa, los mando por correo, por encomienda. Que disfrutes la tarde. Realmente hacen una hermosa pareja. Hasta nunca, José. Bye

Y así fue. Ese fue el final de nuestra relación. Lo último que me enteré sobre vos es que estabas en un grupo de autoayuda para adictos a internet. Aunque no era muy efectivo. Se reunían online. Igual yo creo que es un gasto inútil. El mejor modo de curarse eso es acordar una cita a ciegas a espalda de tu novia. Los resultados son excelentes e inmediatos. Aunque los efectos secundarios pueden ser pesadillas y pánico a las personas de cabello largo, como fue en tu caso.

¿Viste? No es oro todo lo que reluce, ni todas las chicas de la red son chicas. Después de todo, en internet todos pueden ser todos, incluso pueden ser quienes nos den una gran lección, ¿no te parece?

Pero vos ya aprendiste, ¿no? Espero que sí. Si no, nunca va faltar alguien que quiera un cita a ciegas. Jaja J

Ahora me despido definitivamente de vos. Espero que te vaya… como merezcas. Ni más ni menos.

Adiós, mi frustrado cibergalán.

Sin cariño, pero siempre agradecida a la tecnología,

Ángela

FIN





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Comentarios

Lao ha dicho que…
Amar sin romanticismo, no lo concibo.
El amor...es como una flor, nos cautiva con su aroma y belleza. Pero alguno de los dos no la cuida regándola a diario, desde los lindos pequeños detalles y sacándoles las malezas que empiezan de a poco; mueren entonces sus raices, desaparece su aroma y su encanto.
Estate tranquila que ser romántico y expresivo es esencial. Lo soy desde toda mi vida y con mi esposa llevamos casi treinta y ocho años de casados y bien vividos...un beso

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