El caso 0020 (primera parte)



-1-

Cuando el muchacho entró en la oficina, en cuya puerta había un grabado esmerilado que decía “El Caleidoscopio–Agencia de Detective Privado”, no tenía idea de que iba a conocer a un tipo de detective tan inusual, ni tampoco éste tipo detective tuvo ningún indicio que le indicara lo que ese chico veinteañero de ojos grises y cabello castaño iba a hacerle a su solitario y tranquilo modo de trabajar.
–Perdone, ¿esta es la oficina de la detective Luna Guerrero?– la voz del chico mostraba algo de temor.
La silla que estaba tras el escritorio (el cual estaba lleno de papeles apilados prolijamente y tenía una computadora portátil sobre él) se dio vuelta. El muchacho pudo ver a una mujer joven que era sólo algunos años mayor que él– no más de veintitrés–, tenía el pelo de color negro azabache y con una mirada dura y concentrada que se expresaba a través de sus ojos color marrón brillante. Tenía los brazos cruzados, y era evidente que se trataba de una persona acostumbrada a trabajar de modo independiente, detallado y exhaustivo.
–¿Quién quiere saberlo?– le contestó con frialdad.
–Eh... me llamo Matt Witman y.. este... yo quería... ser un detective como usted... aunque solo sea un simple ayudante– aclaró.
La joven lo miró con rostro inexpresivo, como si no hubiera oído nada. Esto puso muy nervioso al chico, que comenzó a balancearse de atrás hacia delante, hasta que no aguantó más y repitió su pedido con la voz más segura que le salió. La detective se mantuvo impasible y habló en un tono amable, aunque sin perder la seriedad de su mirada.
–Primero quisiera saber cual es tu nombre verdadero.–dijo con los ojos clavados en el joven.
–¿Cómo lo supo?–se asombró él.
–Muy simple. Acá, en Argentina, casi no se usan los nombres del tipo que usarían en Estados Unidos o Inglaterra. De hecho, las pocas personas que tienen esos nombres son de origen inglés o estadounidense, anglosajonas en su mayoría. El resto de los casos es muy raro y generalmente a causa de la moda, cómo veo que es en este caso.
El muchacho permaneció sorprendido unos momentos y luego murmuró:
–Mi nombre es Matías Marcos Witnam. Pero para que suene mejor me presento como Matt– hizo una pausa y agregó–. Y estoy acá para ser detective.
La detective hizo un movimiento negativo con la cabeza.
—Una persona que niega su propio nombre no puede descubrir la verdad de un misterio, porque no tiene el coraje de descubrirse a si misma y revelarse tal cual es.
El muchacho quedó atónito y no dijo nada. Ella lo miró y continuó.
–Bueno, Matías, desde que entraste pude ver la chapa que decía “Quiero ser detective”– le dijo, sonriendo para sus adentros pero sin demostrarlo, luego agregó –. Pero te aclaro que esto no es una película, ni un libro, un detective no es un héroe que busca a los chicos malos y los mete a la cárcel, es la realidad. Lo que vos querés requiere mucho trabajo, paciencia y concentración.
–Yo tengo todo eso y muchas cosas más... y no quiero ser un héroe–. Dijo él sonrojándose un poco.
–Eso no te lo creés ni vos. Tu propia cara te traiciona, estás colorado.
–Bueno, en fin, va a ver que voy a ser el mejor ayudante que haya tenido.
–Eso seguro… sos la primer persona que me pide el puesto de ayudante.
–Ah, no importa, entonces va a ver que vale la pena que me acepte como su asistente.
–¿Y vos cómo sabes que yo soy la detective Luna Guerrero?
El muchacho quedó algo perturbado.
–Eh... porque... yo sé que la mayoría de los detectives trabajan solos... y además, desde que entre entré pude ver la chapa en su cara que decía “Soy la detective Luna Guerrero”– concluyó imitando el mismo tono de voz que la detective había usado con él.
Ella le sonrió sutilmente por tal ocurrencia. Luego volvió a ponerse seria y le dijo con voz imperturbable:
–Te creés muy gracioso, pero ya te dije que esto no es una película ni nada parecido. Es un trabajo muy difícil, que requiere, como ya te dije, concentración y mucha paciencia. Hace falta mucha imaginación, porque uno tiene que introducirse en la mente de los criminales y pensar como ellos. Hay que ser muy serio en cada caso y–lo miró fijamente un momento–no hay que tener antecedentes ni problemas referidos con la policía, ¿entendés?. Tenés que ser amigo de la cana, porque de ellos depende en gran parte que tengamos trabajo o no. También es necesario tener estado físico por si hay que perseguir algún sospechoso, además se debe ser muy organizado con la información para demorar lo menos posible...
–Bueno, yo voy al gimnasio una vez por semana, no tengo líos con la cana y puedo ser serio si quiero.
–...y se debe saber manejar armas.-concluyó ella, impasible.
El muchacho quedó impresionado.
–¿Armas?
–Sí, por las dudas la persecución no sea suficiente.–contestó con cierta indiferencia, y agregó, más seria y firme que nunca:
–Lo más importante de todo es el anonimato. NADIE debe saber que uno es detective, jamás. Si no, nos hundimos.
¿Nos?
–Sí, nos. Vos ya sabés demasiado como para que yo me quede de brazos cruzados.
El chico se asustó de la mirada fija y terrible de la detective y retrocedió un paso, buscando el picaporte de la puerta con la mano.
–No te preocupes, no te voy a hacer nada– dijo en tono tranquilizador aunque no menos serio la detective–. Si querés irte, andáte, pero vas a tener que hacerlo bajo un solemne juramento de silencio. Confío en vos en ese caso (no me queda otra, excepto tal vez matarte, vos elegís), pero no tenés que decir nada, porque si abrís la boca lo voy a saber-agregó mirándolo fijamente- y no voy a tenerte piedad en ese caso.
El joven pareció temeroso y pensó un momento antes de responder con voz ligeramente temblorosa, pero tratando de parecer firme:
–No me voy por nada del mundo. Pero dígame, ¿De verdad puedo quedarme?
–Por el momento. Con ponerte a prueba no pierdo nada.–contestó finalmente la detective con una expresión de frío interés en el rostro.
–¡Muchas gracias! Le voy a demostrar que puedo ser un asistente muy serio.
Y comenzó a dar saltitos de alegría.


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-2-

Al día siguiente, Matt jugaba por centésima vez una partida de solitario.
–¿Son así de aburridos los días acá en esta agencia?– preguntó con impaciencia.– Digo, porque esto es un embole, más aburrido que chupar un clavo.
Luna lo miró rápidamente. Estaba pasando datos a su archivo de criminales en su computadora.
–Te recuerdo que esto no es una oficina de correos, donde hay trabajo todos los días a toda hora. Acordate que es necesaria mucha paciencia.
Como postre a esas palabras, sonó el teléfono. Luna atendió, y Matt pudo ver que hablaba rápido, tomando nota en un papel, diciendo “sí” cada dos segundos. Colgó rápidamente, se dirigió al perchero, y mientras se colocaba su sobretodo de hilo rojo le comunicó a Matt lo que ocurría:
–Era el comisario Wagner, quiere verme ahora mismo. Ocurrió un asesinato. Vamos, rápido.
–Al fin un poco de acción... ¿un asesinato? ¿No podríamos empezar con algo más chico, como un robo a una joyería o a un banco?
–Vos querías acción, pero si te parece mucho quedate acá y ordená el escritorio, yo me voy a trabajar.
–No, no, voy ahora mismo. Era un chiste.
–Lo de ordenar el escritorio era en serio, cuando volvamos lo ordenás.
Matt refunfuñó y salió tras la detective hacia el pasillo para tomar el ascensor.
Tomaron un taxi, y Matt preguntó:
–¿Por qué vamos en taxi en vez de ir en colectivo o a pie?
–No podemos arriesgarnos a que alguien sepa lo que somos en realidad. Además nuestra vestimenta es muy llamativa: yo con el sobretodo de hilo rojo y los lentes oscuros, y vos con una campera de cuero y ese pantalón de jean, que te hacen parecer un cantante de rock.
–Es lo que está de moda y no es tan llamativo. Estamos en invierno–. se atajó Matt.
–¿Ah, si? Vamos a ver si es tan llamativo o no–Se dirigió al taxista–. Conrado, dejanos acá por favor.
–A la orden.
–¡No!-exclamó Matt- Eso no se puede. Seguro falta mucho y no vamos a ir a pie.
Estaba repentinamente nervioso y asustado.
–Faltan cinco cuadras, pero eso no es nada. Mucho menos para un pibe moderno como vos.
El muchacho tragó saliva y miró por la ventanilla del taxi detenido. Todas las personas parecían demasiado ocupadas en sus propios asuntos como para fijarse en ellos, pero de vez en cuando alguna miraba en dirección a ellos con el ceño fruncido. Sintió que le daban un leve empujón y no tuvo más remedio que bajar del taxi. Si no hubiese estado tan nervioso se habría dado cuenta que no habían caminado mas de dos metros cuando entraron por una puerta abierta sobre la cual había un escudo con la inscripción “Policía Federal–Secc.3°”

-3-

–¡Detective Guerrero, al fin! Hoy tuve una mañana terrible: mi café se convirtió en algo no apto para diabéticos de tanto azúcar que le puse, después...
–Bueno, me imagino que me ha llamado porque tiene un misterio entre manos, no solo para decirme que es un desastre en la cocina, ¿verdad, Héctor?– lo interrumpió la detective. Sabía que el comisario Héctor Wagner tenía la costumbre de irse por las ramas al hablar.
–Está bien, el caso es que hubo un asesinato, o al menos eso creo, no estoy muy seguro.
–Explíquese comisario, por favor. ¿Hubo o no un asesinato?
–No sé, pero lo mejor va a ser contarle todo desde el comienzo. El muerto en cuestión es el abogado Donato Marvolo Husser. El hombre literalmente nadaba en dinero, nunca perdió un caso y eso es lo que me hace creer que haya sido un asesinato: un hombre así tiene muchos enemigos y muchos más que quieren su dinero. Su muerte ocurrió justo tres días después de realizado (y ganado) su último juicio, y me vi obligado a colocarle la carátula de “Muerte natural”. Parece imposible pero no tuve remedio, no había nada que me indicara un asesinato.
–¿No tenía ningún tipo de herida, ni de arma blanca o arma de fuego?
–No.
–¿Signos de envenenamiento, estrangulamiento o asfixia?
–No. Lo único que sé es que sus ropas estaban húmedas por el sudor, pero nada más.
–Humm... ninguna pista que indique la causa de muerte–murmuró la detective para sí mientras tomaba notas es una bitácora, luego se dirigió al comisario–¿Qué me dice sobre el lugar donde lo encontraron, algún indicio?
–No. El entorno era de lo más normal del mundo: la casa, el jardín, los árboles, nada más.
Luego de algunas anotaciones más y un prolongado silencio, Luna dijo:
–Bueno, eso es todo, por lo que puedo ver. Es hora de irse, Matt.
–¿ Y este chico quién es?–inquirió el comisario, mirando a Matt con creciente desconfianza.
–Ah, disculpe, no los presenté. Comisario Héctor Wagner este es Matt Witnam, un pequeño aspirante que esta pasando por una fase de prueba. No se preocupe, es inofensivo.–dijo Luna con un cambio casi invisible en su expresión. Sonrió al ver tan nervioso a Wagner.
–¿No será un espía de alguna organización que trata de hacer fracasar nuestro trabajo?–preguntó éste con el entrecejo fruncido.
–No. Pero creo que usted ve mucho cine, Héctor. Ahora, si no tiene más palabras inútiles que me hagan perder el tiempo, digo que lo mejor es poner manos a la obra ya mismo. Este caso se presenta muy extraño.
–La verdad que sí, y hablando de obras, ¿Sabe que se está construyendo una nueva cafetería en la calle Pavon al 7890?
–Dije que no más palabras inútiles, comisario-contestó Luna con frialdad- Le parecerá a usted muy interesante, Héctor, pero ahora tenemos prisa y un caso entre manos, ya me lo contará después. Que tenga buen día.– se despidió la detective, y al salir tomó el primer taxi que llegó.
La mente de Matt era un caos de preguntas.

-4-

La casa del abogado estaba ubicada en la calle Larrea al 7900 en el barrio Guadalupe Este, un barrio donde las casas eran tan impresionantes que costaba creer que alguien pudiera comprarlas y vivir en ellas. La casa era de grandes dimensiones con ocho habitaciones, sin incluir el baño, la cocina y el quincho de paja. Incluida la casa el terreno ocupaba una manzana entera.
Sin embargo ni en la casa ni en el parque hubo nada que echara un poco de luz sobre la misteriosa muerte del abogado. Su esposa, la señora Eva Laura Husser tampoco ayudó mucho: se echó a llorar lastimosamente, dijo que su esposo era un hombre extremadamente sano, que cuidaba mucho su apariencia y que no se merecía haber muerto de ese modo, pero que no tenía duda de era obra de un asesino porque un día antes de la muerte del abogado había recibido dos amenazas telefónicas. Esto interesó enormemente a la detective Luna, quien lo anotó en la bitácora.
Cuando ella y la señora Husser salían de la casa, ésta pudo ver a Matt y le preguntó si el chico no sufría “ algún tipo de enfermedad o trauma, porque está actuando como si tuviera un ataque o algo así”. Luna comprobó, en efecto que su aspirante “en riesgo de perder el puesto”, dijo para sí, se comportaba de forma extraña: se sacudía y daba golpes al aire, como si quisiera pegarle a algo o espantarlo.
Al notar que los golpes los daba hacia arriba, Luna levantó la vista y pudo ver la causa de la conducta de Matt. Un gran nido de abejas colgaba de una de las ramas bajas del árbol cercano a la entrada. Al acercarse para apartar a Matt del panal, Luna pudo notar que en la rama y en el tronco del árbol había una sustancia semitransparente y pegajosa. “Savia de palo borracho” pensó, pero enseguida lo descartó, porque el árbol tenía una corteza muy rugosa y no había presencia de las características protuberancias puntiagudas de palo borracho. Sacó una minúscula botella de su cartera e introdujo un poco de la sustancia pegajosa en el interior.
Luego de despedirse de la señora Husser, Luna y Matt tomaron un último taxi de regreso a la agencia. Eran las seis y media, y el sol poniente comenzaba a teñir de rojo el atardecer.

FIN DE LA PRIMERA PARTE





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Comentarios

Lao ha dicho que…
Muy interesante tu historia... ¿continuará? Muchos saludos y deseos de que andes bien.
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Lao. Me alegra que te haya atrapado la historia. Sigue seguro, no te preocupes.
Que estés bien.
Saludos :)

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