Tropiezo mortal



-Las huellas del crimen están algo difusas pero aún así no hay duda de que esto fue…
-Un accidente, nada más.
Luna Guerrero, detective de alma y profesión, se volvió hacia su amigo y asistente Matt Withman, tomó aire y le preguntó con suavidad:
-¿Cómo? ¿Qué fue lo que dijiste?
Matt frunció el entrecejo.
-Sabés que no me gusta que me hables como a un nenito, no olvides que tengo casi tu misma edad… y no sos precisamente una adolescente.
-Es verdad, ese rango te corresponde a vos, yo tengo veintiséis años, tres más que vos, pero tus pensamientos siempre fueron… muy estrechos, no te detenés a observar más allá de lo evidente. Te falta poder de observación.
-En este caso no hace falta poder de observación, es obvio lo que pasó: el tipo salió de su casa, se pegó una patinada con un charco de agua, se rompió la cabeza y se mató.
-Mmmm… me impacta lo sutil y profesional de tu narración. Realmente no te imagino transmitiendo esta noticia a la familia de ese pobre hombre. Te falta tacto, delicadeza, saber atenuar el golpe, el dolor de…
-Bueno, eso no interesa-interrumpió Matt irritado-. Te estás yendo del tema. Lo único importante acá es aclarar que no hubo crimen, fue un accidente, nada más. Ahora andá y decile al comisario ese que el caso está resuelto, cobrá nuestro sueldo y vámonos.
Luna se cruzó de brazos, principalmente para evitar darle a Matt una bofetada de exasperación. Entonces oyó que alguien la llamaba. Se dio vuelta y vio que el comisario Ángel Ademius caminaba hacia ella.
-Discúlpeme, Luna, uno de los oficiales dijo que tenía algo que decirme.
-Dos cosas tengo que decirte: una, te dije que no me trates de usted, a menos que sea frente a desconocidos, y dos, arreste al propietario del departamento del tercer piso.




-¿Cúal es el cargo?
-Asesinato, premeditado, del hombre fallecido en el presunto accidente, el que casualmente vive en el segundo piso.
El comisario Ademius apenas logró comprender las palabras de Luna pero decidió obedecer. A los pocos minutos el hombre sospechoso era escoltado hasta un patrullero, pero antes de entrar en él, alzó la cabeza en dirección a Luna y un rayo de odio llegó hasta ella, quien se limitó a devolverlo convertido en hielo.
-¿Cómo supiste…?, quiso saber Ademius confundido.
-Simple, la clave de todo fue ese charco con el cual se tropezó el hombre que murió. Fue causa de muerte y clave de misterio. Anoche llovió casi hasta el alba, con lo cual las plantas que están en los balcones se mojaron y, obviamente, causaron charcos en la vereda, pero al salir el sol las plantas se secaron y los charco fueron desapareciendo gradualmente, excepto uno, el que está frente a la puerta misma de entrada del edificio. Ese fue rellenado, mantenido, para que estuviera siempre lleno de agua, esperando, por así decir, el momento en que el hombre saliera.
-¿Un charco rellenado?, dijo Matt incrédulo, mientras empezaba a reírse.
El comisario le dio un codazo poco disimulado a Matt para evitar males mayores al notar la mirada impaciente de Luna.
-Continuá, por favor.-agregó mirando a la detective.
-Bien, siguió ella, si prestan atención van a notar que las plantas del balcón del tercer piso sigue húmedas, de hecho aún gotean un poco. Eso significa que alguien las regó, sin necesidad aparente, hace menos de media hora, exactamente después que la lluvia cesara y antes de que se abriera la puerta principal. El hombre sólo tuvo que salir, como cualquier otro día y patinarse en ese charco. Posiblemente la caída en sí no lo habría matado pero tuvo la mala fortuna de golpearse muy mal en la cabeza.
-Increíble, dijo el comisario, fue un crimen pero jamás lo hubiera pensado. Realmente ingenioso, a pesar de la grave del resultado. Creo que…
En ese momento sonó el teléfono celular del comisario. Luego de una breve charla cortó y se dirigió a Luna y Matt.
-El acusado confesó su delito, es totalmente responsable… y los hechos ocurrieron tal cual los relataste, detective.
-¿Y por qué lo mató, le caía mal?, preguntó Matt fingiendo indiferencia, aunque Luna notaba que por dentro estaba derrotado y avergonzado. Le pareció que esa lección de humildad era un buen castigo para él y no le hizo comentario alguno.
-Una razón única y tonta, planeó matarlo porque decía que escuchaba música a un volumen muy alto.
-¿No podía solucionarlo hablando?
-Algunas veces creemos que con palabras no se puede cambiar nada-dijo Luna- y decidimos tomar acciones más drásticas e impulsivas… y las acciones impulsivas casi nunca tienen buenas consecuencias. Éste caso es un claro ejemplo. Los humanos hemos aprendido a viajar al espacio e incluso clonar seres vivientes, pero nunca logramos ver la importancia que tiene comunicarse y conocerse con quienes nos rodean. Tal vez sea hora de quitarnos la corona y empezar a hablar, a lo mejor sea el inicio de algo importante.
El comisario Ángel y Matt guardaron silencio un momento. Luna se dirigió a Matt.
-Este caso está cerrado, es hora de irnos. Hasta pronto, comisario Ademius.
-Adiós, y gracias.
Mientras conducía de regreso a la oficina la detective tuvo mucho cuidado de evitar todos los charcos de agua que había en las calles, no era cuestión de repetir lo hechos del caso número treinta y nueve, “El caso del tropiezo mortal.”
FIN

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Comentarios

Akua ha dicho que…
Si hablasemos más nos iria mejor con las personas pero a veces el orgullo nos convierte en animales.

Un relato muy educativo.

Besos.
Lao ha dicho que…
Muy ingenioso e instructivo.Muchos saludos.
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Akua y Lao por sus comentarios. Estoy de acuerdo, hablar puede ser difícil pero siempre es mejor una conversación un tanto fuerte que callar y luego lamentarlo.
Gracias por visitarme.
Saludos :)
valentina rodriguez licet ha dicho que…
hola mira.puedo tomar.tus imagenes.jeje.porfis...si.si quieres te doy credito.

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