La fuente



Era un hermoso náufrago, rodeado de lentejas y repollitos de agua que lo envolvían tímidamente con un colchoncito esmeralda, así estaba el Nenúfar, con su base redondeada meciéndose suavemente por el vaivén que originaba la cascada al fundirse con el estanque, y su corona rosa rodeando su corazón de oro daba una nota de elegancia y color al pequeño hábitat de los diminutos casius dorados y rojizos, que nadaban indolentemente sin pausa ni prisa. Ese rincón y esa fuente de vida y serenidad eran lo que ella más amaba de toda su casa. Allí se sentaba durante horas, perdidas su mirada en el agua y su mente en los recuerdos. Porque había sido en ese lugar, tan sereno que había pasado los mejores y peores momentos de su vida. 

Allí se había sentado a compartir un helado con él, a pocos días de conocerse.

Allí había hablado de la forma más sincera posible, para que él se diera cuenta que ella no era una chica cualquiera.

Allí recibió el beso, ese que no fue el primero pero que se volvió único e inolvidable.


Allí se aferró al abrazo cálido y seguro de él, soltando miedos y dolores que no creía posible perder nunca.


Allí… fue donde él le dijo que se había enamorado de alguien más, que estaba confundido y necesitaba tiempo para pensar.


Allí se quedó ella, sentada al borde del agua, que se salificaba con el dolor que escapaba de sus ojos y caía con un impacto fulminante.
Allí había pasado horas de reminiscencia… hasta que no pudo soportar más la idea de asociar su amada fuente a una despedida y un corazón roto. Ese día pasó la mano suavemente sobre la superficie del agua y su mente se despejó. Los peces se asomaron y el brillo de sus escamas llenó de color el rostro de ella, que sonreía. 
Antes de que el crepúsculo se adueñara de la ciudad, ella salió de su casa con una tarea. Al regresar se dirigió directamente a la fuente y colocó con infinita delicadeza un nenúfar en flor, apoyado en un disco verde esperanza, coronado de un rosa bondad y engalanado un corazón de oro, lleno de luz y risa. 
Desde ese día la fuente sólo fue serenidad y compañía, con peces perezosos y un nenúfar de eterna esperanza.
FIN




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Comentarios

Ellie ha dicho que…
Hola

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Mariela Marianetti ha dicho que…
Precioso relato. Me hizo sentir mucha nostalgia de mi juventud y esos lugares especiales compartidos.

Me gustò mucho leerte.

Cordiales saludos
Lao ha dicho que…
Muy lindo y romántico. Colorido. Como siempre. Muchos saludos.
Vaeneria ha dicho que…
Ellie: ya me puse en contacto ví mail. Me alegra que te guste mi blog y quieras incluirlo en tu directorio.
Saludos :)

Mariela: Realmente esos lugares especiales siempre que quedan en nuestro corazón, más aún si los compartimos y pasamos buenos momentos en ellos. Gracias pos venir.
Saludos :)

Lao: La verdad esta vez me puse bastante romanticona jaja :) Me alegra que te gustara mi relato. Saludos :)

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