Caliel



Un amuleto en el cuello de un príncipe podía ser considerado por muchos como una frivolidad, un mero adorno de la realeza. Pero para el príncipe Germán[1], ese amuleto en forma de media luna era lo utilizaba para comunicarse con su protector y consejero, el ángel Caliel.[2]
Ambos se habían conocido por medio de una simple pero poderosa petición que el príncipe había hecho: un poco de ayuda para lograr aprender a ser un buen gobernante.  Apenas un día después de ese pedido, Caliel se presentó ante el príncipe, vestido de blanco pero con sus alas ocultas. Al verlo, Germán supo, de forma misteriosa, que tenía ante sí la respuesta a su pedido, por lo que quiso hablar a solas con el recién llegado.  Entonces, apenas la puerta se cerró, Caliel retiró de sus alas la capa de espejitos que las mantenía invisibles. El príncipe Germán quedó asombrado no sólo por la belleza de esas plumas que a pesar de ser blancas brillaban como plata, sino también por la mirada solemne y confiable del ángel, y sólo atinó a preguntar:
-¿Por qué a mí?

-Porque tu lo pediste, respondió Caliel, cuya voz que recordaba al tañido de una campana, solicitaste ayuda para ser buen gobernante en un futuro cercano. Normalmente los hombres creen que sólo por tener un lugar de poder ya están listos para asumirlo y acaban cometiendo grandes y, a veces, irreversibles errores. Pero tú fuiste lo suficientemente sabio como para reconocer que no estabas preparado para reinar y tuviste el valor necesario para pedir ayuda.
El príncipe meditó unos momentos y, aunque se moría de ganas de hacer miles de preguntas sobre el ángel y su procedencia, tomó aire y preguntó:
-¿Cómo planeas ayudarme?
-Simple, estaré a tu lado, a la vista de todos, como un sirviente más, o como un consejero sería más apropiado decir. Te brindaré consejos que tú deberás interpretar y obrar como mejor lo creas, porque no puedo ni quiero quitarte tu condición de libre albedrío. No estoy aquí para hechizarte y convertirte en una marioneta. He venido para ayudarte, pero las lecciones que necesitas aprender sólo puedes asimilarlas si haces tus propias experiencias. Las experiencias son únicas en cada criatura y  ninguna enseñanza podrá transmitirte lo que siente en tal o cual situación. Tal vez pienses que todas esas  lecciones te servirán sólo cuando seas mayor, pero te aseguro que no se necesita tener muchos años para adquirir experiencia, sólo debes recordar tus aprendizajes, tanto en  tus aciertos como en tus errores. Recordando cómo has actuado anteriormente en determinada situación, sabrás las consecuencias que podrían esperarse, y de ese modo serás capaz de discernir  qué es lo más sensato que puedes hacer.
-¿Y si me equivocara? ¿Si cometiera uno de esos errores irreversibles que mencionaste?
-Sería algo muy desafortunado, por supuesto, pero tendrás dos cosas de aprender cada vez que te equivoques: primero, que todo, absolutamente todo, ocurre por una razón, no hay casualidades,  aunque dependerá de ti descubrir la causa de cada hecho y aprender lo que puedas de él. Segundo, sabrás a distinguir entre errores que pudieron evitarse y eran innecesarios, y errores que, aún pudiendo evitarse, eran precisos para que los acontecimientos siguieran su curso.  A veces aún los errores más dolorosos son necesarios para que la vida cambie, para que logremos crecer, pues no hay equivocación que no te aporte al menos una mínima enseñanza.
El príncipe se estremeció y murmuró:
-Pero si durante mi reinado pasara algo malo o irreversible sería culpa… no creo poder soportarlo.
-Incluso los hechos irreversibles sirven para que cada uno pueda mirarse y decidir el siguiente paso, eligiendo avanzar, quedarse o retroceder. –respondió Caliel-Lo mejor es avanzar, aún cuando tus pasos que sólo tengan un centímetro y pesen como una montaña. Algo que nunca debes hacer es quedarte estancado en un error, sería como echar sal contantemente en una herida, nunca sanará y sólo alargarás el dolor inútilmente, autocompadeciéndote, perdiendo tiempo, buscando que te compadezcan y curen tu herida. Si cometiste, conscientemente o no, un error, no te quedes lamentándolo, levántate, aprende y sigue caminando, verás que llegarás a un momento en que ese error que te parecía aplastante y completamente irreparable se torna liviano y solucionable. Siempre debes tener fe en ti mismo, en tus capacidades y decisiones. Y si necesitas más fe, pídela sin temor. Dios no te dará tu fe envuelta en papel de regalo, te dará oportunidades para que pruebes que realmente la tienes, no te dará la solución en bandeja, sino que te dará las herramientas para que soluciones tu problema.
-Seguir adelante, aún con errores irreversibles. Siempre tener fe, aún cuando la dificultad sea grande, pues todo pasa por algo.-sintetizó el príncipe Germán.
-Felicidades, primera lección aprendida.
-Gracias… ¿cuál era la primer lección?
-No sólo debes pedir ayuda, también debes escuchar a quien viene a socorrerte. Para ser un buen gobernante es fundamental ser buen oyente, pues así te acercas a las personas y puedes ayudarlas. A su vez ellas te escucharán y socorrerán.
-Gracias, repitió el príncipe, realmente agradezco tu presencia y consejos. Me alegrará mucho tenerte de consejero, Caliel.
-Toma, usa este colgante, cuando me necesites sólo tócalo y piensa mi nombre. Acudiré de inmediato y nadie notará lo repentino de mi aparición
-Bien. Por cierto, ¿Cuánto tiempo te quedarás?
-Hasta el momento en que te considere preparado para gobernar, cuando ya no necesites mis consejos.
-¿Cuándo será eso?
-Sólo tú puedes responder eso… Hasta entonces estaré a tu lado.  Siempre.
Entonces el ángel hizo una inclinación de cabeza a modo de saludo y se desvaneció en un destello de plumas plateadas.
Desde ese día, el príncipe Germán consulta frecuentemente al ángel, y no sólo aprende como ser buen gobernante sino que además disfruta de la compañía de aquel que comenzó siendo un consejero pero terminó volviéndose  un amigo leal, Caliel, el ángel de alas plateadas.
FIN

[1] Nombre bíblico que significa “Hermano”.
[2] Nombre de ángel que significa “Dios pronto a socorrer” (17-21 de junio)

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Comentarios

Akua ha dicho que…
Siempre tenemos cosas que aprender auque no lo creamos. Muy chulo el relato.

Besos.

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