500 Metros



Aunque la distancia era mucha, él sentía que podía vencerla, incluso hacerla desaparecer. Sabía que sólo tenía que extender sus alas y volar como el viento. Pero tenía un problema, algunas de sus plumas estaban recubiertas de un metal que por momentos se fortalecía y otros se debilitaba, dependiendo del ambiente.

Pero a él no lo asustaba ese metal extraño, se sabía lo suficientemente fuerte como para levantar vuelo dejando en el camino los obstáculos.
Porque la distancia eran 500 metros, sus alas eran sus pies y el metal eran las voces que le decían que no podía correr, que era muy viejo, que iba a avergonzar a su familia, que era una estupidez participar en esa maratón.
Sin embargo, lo único que a él le importaba era vencer esa distancia desafiante. Era demasiado importante para dejarse vencer por algo tan tonto como un trozo de metal.

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De hecho, tal vez a causa de ese peso fue que hizo lo que hizo. Y lo que hizo aquel día definió el resultado de la competencia.
Ya había recorrido cuatrocientos metros, cuando sintió un calambre en una pierna. Parecía que sus 70 años le estaban pasando factura. Trastabilló con una fuerte sacudida y estuvo a punto de detenerse. Entonces oyó un quejido que no era suyo. Miró por encima del hombro y vio que otro de los competidores estaba caído. Sin detenerse siquiera a pensarlo, retrocedió, lo tomó de la muñeca y, como si tuviera veinte años, salió corriendo, arrastrando al hombre que de pronto corría a la misma velocidad que él.
Ambos volaban por la pista, sin que ninguno sintiera el contacto de los pies con el suelo. Corrían dejando los años detrás de ellos, soltando todo el metal que había retenido sus alas y sus esperanzas. Se sentían vivos como hace tiempo no lo estaban. Disfrutaban el momento.
Ninguno ganó la carrera, de hecho quedaron en cuarto y quinto lugar, pero a ninguno le importó.
Ambos había logrado retroceder el tiempo y, al mismo tiempo, vencer la reticencia y dejarse ayudar por un extraño para seguir adelante.
Ése fue el inicio de una amistad pero lo mejor es que fue una demostración de que, realmente, uno tiene la edad que siente y que siempre puede haber una mano amiga y una esperanza. Siempre.

FIN





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Comentarios

Gabriela Maiorano ha dicho que…
Hola Vaeneria!! Me gusto mucho el relato, está lleno de esperanza y muestra una gran verdad, uno tiene la edad que siente.
Besos

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