Ausencia



Desde el mar profundo de la inconsciencia su mente trataba de emerger. Pero parecía un esfuerzo inútil. Su voluntad era prácticamente nula. Únicamente comía porque el cuerpo se lo pedía. En realidad hacía todo lo necesario para mantenerse físicamente vivo, únicamente porque debía hacerlo, por lo cual todos sus movimientos eran automáticos y programados, sin alterar jamás el orden, como si fuera un reloj. Mientras, él permanecía ajeno a todo y a todos, incluso a sí mismo. Sólo sabía su nombre, Emilio, pero apenas lo reconocía como suyo. Todo era bruma y dolor. Todo.

Todo había comenzado hace ya dos años, al menos la fecha que guardaba en su memoria marcaba que ya había pasado ese tiempo, aunque él no lo había notado. Él sólo veía imágenes en su ahogada mente, nada más cabía en ella. Dejó que los sucesos de esa noche desfilaran en su mente, tan reales y ordenadas como sus actividades automáticas.


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Él regresaba a su casa luego de realizar unos trámites, poco antes del mediodía, cuando un muchacho apenas mayor que él se apareció y le bloqueó el paso al tiempo que le pedía todo el dinero. Durante un segundo ambos se miraron, luego el agresor perdió la paciencia y sacó un revolver. Pasó otro segundo sin que nadie se moviera. De repente él saltó sobre su atacante con la intención de quitarle el arma, en un impulso tan repentino como estúpido. Hubo un breve pero violento forcejeo… que se detuvo cuando un estampido cortó el aire como un bisturí.

El ladrón cayó al suelo en cámara lenta, al menos así lo vio Emilio. Luego todo se diluyó en una oscura niebla…

Cuando despertó se encontraba en lo que parecía una habitación de hospital. Todo a su alrededor era blanco y limpio… hasta que comenzó a ver las imágenes del asalto, el asalto donde matara al ladrón de un disparo. Había sido justicia por mano propia. Pero él no lo veía así, solamente recordaba el horror de ver caer al otro hombre con el pecho manchado de sangre. Se sentía culpable, un asesino…

Unos minutos permaneció inmóvil pero repentinamente prorrumpió en terribles gritos de dolor. Sus aullidos atrajeron a las enfermeras y a su familia, cada uno más aterrado que el otro. Todos los intentos de calmarlo o sacarle alguna frase coherente fuero inútiles. Ninguno pudo tranquilizarlo ni comprender lo que le ocurría. Aguardaron algunas horas hasta que se calmó. O eso parecía. Estaba inmóvil, recostado en la cama, murmurando en voz inaudible. Permaneció así horas enteras, incluso días, hasta que los médicos decidieron derivarlo a un sanatorio de enfermedades mentales. Pero él apenas notó que lo trasladaban o hacia dónde. Su mente estaba en blanco, ausente…

Y así continuaba, luego de dos años, sin tener conciencia del día o lugar, sin saber si estaba solo o no, sin saber… porqué seguía viviendo. Llegó un momento en que hasta las imágenes que tanto lo aterraban fueron olvidadas y cayeron en una niebla constante. Todo era ausencia.

Lo último que supe de él era que murmuraba palabras inentendibles. Lo hizo durante toda mi visita. Pero cuando estaba por marcharme me miró a los ojos intensamente y me dijo:

-Nunca quise matarlo. Pero recién ahora entiendo que, a pesar de que fue en defensa propia, en realidad no lo maté a él sino a mí, ¿entendés? Al final yo fui quien murió. Nunca voy a volver a ser el mismo. Nadie queda igual después de cortar el hilo de una vida. Nadie. Nunca…

Luego me contó su historia, tal cual la he contado aquí. Cuando terminó simplemente me miraba, como esperando una carcajada burlesca o una expresión de total escepticismo.

Yo le devolví la mirada con la misma intensidad. Luego asentí y le di un fuerte abrazo. No sabía que más hacer. En realidad, no había nada más que hacer.

Un abrazo y una reflexión habían sido suficientes para hacer resurgir el alma de un hombre.

FIN





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Comentarios

Lao ha dicho que…
A veces el dolor se amontona y no te deja emerger. Pero el peor consejo es "deja pasar un tiempo" "el tiempo lo cura todo". ¡No! hay que tomar el problema de frente y cuanto mas rápido mejor...uno tiene que empujar el ánimo...tiene su vuelta...
Interesante relato. Un beso.
Vaeneria ha dicho que…
Lao, concuerdo con vos, es verdad, mientras más se estira un problema, más inconvenientes trae. Lo mejor es enfrentarlo aunque nos de miedo o creamos no poder resolverlo.
Buen consejo, gracias.
Saludos :)
Mjesus ha dicho que…
Una historia triste, pero cierta. Quién no tiene instinto asesino, aunque mate en defensa propia, sentirá remordimientos toda la vida.
Sólo los asesinos pueden asesinar y no sentir escrúpulos.
Saludos

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