Desafíos




Eso era todo. Un minuto. Sólo ese tiempo, tan corto y eterno a la vez, era el que disponía ella para hablarle. Aunque él no iba a salir corriendo, por la simple razón de que era un empleado de ese local. La que en realidad debía hablar o salir corriendo era ella. ¡Qué tontería, sólo quería saber el precio de un libro! ¿Cómo no animaba a preguntar? ¡Qué bochorno! Lo cierto era que no podía articular ni una mísera sílaba.

Empezó a balancearse de un pie a otro con indecisión. Finalmente se armó de valor, se acercó al mostrador y preguntó el precio del libro. El muchacho revisó la contratapa.

-Veinte pesos.-dijo sonriente.

Ella volvió a quedarse sin habla, ¿porqué tenía que sonreír él de esa forma tan franca y amable? ¿y cómo era que no había visto el precio impreso en una etiqueta tan grande? Luego de un momento reaccionó y agradeció. Entonces, de pronto comentó:

-Me gusta este local, es una combinación perfecta, libros y música de fondo. Hay tantas librerías que no encienden la radio siquiera y los clientes se sienten un tanto oprimidos. Pero este lugar es excelente, seguro que a vos también te gusta, ya que se te ve muy contento acá.



-No soy el dueño, pero sí, me agrada… yo también creo que combinar libros y música.

-Me gustaría saber un poco más de todo esto… de vos.

Y de repente ella enmudeció. Había mostrado sus cartas y ahora no sabía que decir para disimularlo.

Él debió sentir la turbación de ella porque agregó:

-Si, es buena idea. Mmm, si te gusta éste autor te puedo recomendar otro libro muy bueno, uno que leí hace poco.

-Sí, gracias…-dijo ella, entonces la frase salió antes de que pudiera detenerla- Espero que tu novia no se ponga celosa de que hagas recomendaciones a tus clientas nuevas.

Él se quedó mirándola un momento con evidente sorpresa.

Ella optó por lo más rápido y cobarde: salir huyendo.

-Bien, dijo, se me hace tarde, tengo otras cosas que comprar y…

-Bien entonces son… veinte pesos. Así… treinta de vuelto… Gracias.

-Gracias a vos. Hasta luego.

Una última sonrisa de parte de ambos y ella salió del local.

Apenas había dado cuatro pasos cuando alguien le chistó. Ella se dio vuelta. Era el muchacho del local de libros.

-No tengo novia… ¿Querés que te reserve el libro que te decía?

Ella sonrió de forma tímida y luminosa a la vez.

-Paso la semana que viene a buscarlo. Gracias. Hasta pronto.

FIN



Bookmark and Share

Comentarios

Lao ha dicho que…
Muy tierno y dulce tu relato. Esa simpleza me gustó mucho. Un beso.
Nelita ha dicho que…
Hola es la 1º vez que entro a tu blog, tus relatos son hermosos espero sigas escribiendo felicitaciones, tambien quiero agradecerte tus comentarios en mi blog saludos
Vaeneria ha dicho que…
Lao: Gracias, a veces veo que las cosas simples son más lindas pero poco apreciadas. Viva la simpleza!
Saludos :)

Nelita: Gracias por visitarme. Realmente yo también espero seguir escribiendo siempre y creo que va a ser así, porque no podría vivir sin escribir.
Saludos :)
Akua ha dicho que…
Siempre que la vida nos lanza un desafía hay que luchar, no importa el resultado el caso es quedarse con la sensación de haber hecho lo correcto aunque por el camino uno lo pase mal como la chica del relato. Al final, obtuvo su premio.

Un beso.
Vaeneria ha dicho que…
Akua: Es verdad, cuando enfrentamos un desafío lo importante es arriesgarnos y enfrentarlo, aún cuando el resultado no sea el que buscamos. Es cuestión de coraje.
Gracias por visitarme.
Saludos :)

Entradas populares de este blog

Paisaje

Cita a ciegas

Mariposas de la vida