Imágenes



Ese extraño otoño, Alicia regresaba una vez más al borde de esa barranca. Le gustaba mirar el lento ritual del sol aprontándose para dormir. La mezcla de dorados declinando en rosados y violetas le fascinaba y le traía a la mente mil imágenes. Pero principalmente la imagen de él… en medio de ese paisaje, en aquella tarde de otoño, hace ya un año.

Alicia dejó fluir las imágenes.

Ella estaba allí, sentada en esa misma barranca, perdida en la contemplación del ocaso, cuando una voz masculina pero agradable le dijo:

-Yo no me sentaría tan al borde, podría aflojarse la tierra y al segundo estarías nadando en el río.

Ella se dio vuelta y notó que él era… igual a cualquier otro muchacho, pero a la vez diferente, aunque no supo definir porqué.

-¿Puedo sentarme?-preguntó él.

Ella lo observó, escuchando mentalmente todas las advertencias que recibiera sobre no hablar con extraños ni acercarse a ellos. Sintiendo una ligera rebeldía interior hizo un movimiento afirmativo.



Ambos permanecieron largo rato observando la danza de oro y fuego que se desarrollaba en el cielo y se refulgía en el agua del río.

-¿Porqué te gusta tanto venir todos los días a ver esto?

-¿Qué te hace pensar que vengo todos los días?-quiso saber ella mirándolo de reojo.

-Bueno, si fuera algo improvisado te la pasarías mirando el reloj, pero no lo hiciste aún, hasta lo que pude ver. Además parece que tuvieras el hábito de mirar el paisaje, y eso se adquiere practicando, y… nunca vi a nadie contemplar un atardecer con tanta alegría, como si, a pesar de venir todos los días, siempre descubrieras algo nuevo, un nuevo motivo para maravillarte.

Ella apartó la vista del oro y se volvió hacia él. Lo miró largamente y volvió a contemplar el paisaje.

-Me alegra que tengas aún esa capacidad de sorprenderte con algo que parece tan simple y común como un atardecer-dijo él rompiendo el silencio-. Admiro que decidas tomarte este rato para venir todos los días, eso no es usual porque ahora todos viven apurados.

-Y por vivir apurados dejan de vivir realmente.-acotó Alicia, sorprendida por sus propias palabras.

-Muchas veces hacemos cosas urgentes porque las confundimos con importantes-continuó él-, creemos que esas dos palabras significan lo mismo. Pero a mí me parece (y creo que a vos también) que algo importante es distinto de algo urgente. Por ejemplo, a mí me gusta la fotografía y vine muchas veces buscando el instante perfecto para retratar estos atardeceres. Lograr esa imagen es muy importante para mí, pero no es urgente, nadie me la reclama más que yo mismo, porque si así fuera, sacaría mil fotos, rogando que al menos una me quedara bien. Ojo, que digo bien no perfecta. No quisiera arruinar un atardecer congelándolo en una imagen que no me conmueva. Sería una estupidez. Saco pocas fotografías a veces, porque quiero conservara sólo aquellas que me transmitan algún tipo de sentimiento.

Alicia permaneció unos momentos mirando ese atardecer eterno y luego, sin darse cuenta, apoyó su cabeza sobre el hombro del muchacho. Él no dijo nada ni hizo movimiento alguno, pero Alicia creyó percibir un tenue y relajado suspiro.

Cuando el dorado se volvió rosa y púrpura, ambos se pusieron de pie, intercambiaron una larga mirada y finalmente se sonrieron.

-Ya es hora de que me vaya-dijo él-, tengo algunas fotos que seleccionar para el diario en el que trabajo.

-Sí, bueno… yo tengo que terminar de leer un apunte de literatura.

Nuevamente sin darse cuenta ni saber porqué, Alicia abrazó al muchacho y en seguida se despidieron con una última sonrisa.

Alicia abrió los ojos. El cielo actual también estaba teñido de púrpura. Recordó cómo, al día siguiente de conocerlo, vio, por casualidad, una foto en un diario. Se reconoció a ella misma de espaldas contemplando el atardecer. Entonces lo supo. Era una fotografía perfecta, de un momento que siempre recordaría como mágico y a la vez real.

Después de que él se marchara ella no volvió a verlo y solamente encontró una pequeña pluma de color blanco a sus pies.

Desde aquella tarde la pluma descansa en su cuaderno de relatos y el rostro de él, junto con sus palabras, descansa en su corazón.

FIN



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Comentarios

Akua ha dicho que…
Tierno, romántico y esperanzador.

Ha sido precioso leerte.

Besos.
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Akua. Me alegra que sintieras eso al leer mi relato.
Saludos :)
Gabriela Maiorano ha dicho que…
Hoola Veneria!! Vengo a saludarte y a agradecerte tus palabras tan cálidas en mi blog. Gracias por tu apoyo y tu amistad.
Besossssss
Vaeneria ha dicho que…
No hay nada que agradecer, Gabriela. Gracias a vos por visitarme.
Saludos :)
Lao ha dicho que…
Hermoso tu relato,sensación de eterno
Igual tenor en la fotogafía. Un saludo para vos...
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Lao. Me dejó pensando tu frase: "Sensación de eterno..." Cuántas sensaciones y lecturas puede tener un relato. Y todas son importantes y necesarias.
Gracias por tu aporte, Lao.
Saludos :)

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