Rumores




Ella estaba ahí, caminando silente frente a todas las personas que alguna vez la habían ignorado, las que ni su nombre sabían pero que habían creído tan fácilmente el rumor esparcido un pequeño grupo de idiotas populares. Sí, todos habían creído el maldito rumor de que ella era una… una trepadora, una “chica que conseguía lo que quería seduciendo a todos los hombres que fuera necesario.”

¿Cómo era posible que todos creyeran tan fácilmente esa absurda mentira?

Y todo porque él la había elegido a ella y no a la líder del grupito popular. Pero, justamente por ser populares tenían el terrible poder de convencer a los demás de creer cualquier cosa que ellas dijeran. En menos de un día todos los estudiantes de la carrera conocían “la otra cara” de ella.

Él, por su parte, se había mostrado indignado por el hecho, pero antes de eso su rostro expresó por un momento, por un segundo eterno, que realmente creía lo que le habían contado de ella. La duda había aparecido en su mirada acuchillando el corazón de ella, que no podía creer la existencia de esa duda. Ella no había vuelto a hablar con él desde ese momento. ¡Pero era tan difícil, lo extrañaba tanto! Sin embargo, no podía olvidar ese instante de duda.


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Ella no convirtió el hecho en una declaración de guerra, no buscó oportunidades ni planes de para vengarse de la animadora que lo había iniciado. En realidad no sentía deseos más que de alejarse de esa universidad, de ese espacio donde todos la miraban con desprecio, con sospecha, con prejuicio… con asco. Nada le importaba, no podía pensar en otra cosa que no fuera el dolor que le causaba ver lo fácil que creían las personas los rumores malintencionados, los que sólo buscaban resaltar lo malo, los que eran más importantes cuanto más daño podían causar, los que nadie se preocupaba de averiguar si eran reales o sólo rumores.

¿Por qué era siempre más fácil creer algo malo que algo bueno?

Ella no hallaba respuesta. Entonces decidió que no se marcharía sin antes hacer una pregunta.

Fue así que esa tarde se encontró con la iniciadora del rumor. Durante unos instantes no hicieron más que mirarse fijamente, tratando de sentir los pensamientos una de la otra. Entonces ella rompió y el silencio.

-¿Por qué?

La animadora la miró confusa, no eran las palabras que esperaba. Sin embargo adoptó una expresión altanera.

-Porque me robaste a mi novio. No me mires así, él estaba por pedirme de salir cuando chocó con vos ese día. ¡Estoy segura de que lo hiciste a propósito! Encima, él se obsesionó con vos. ¿O me vas a decir que se enamoró? ¡Ja! No me hagas reír. No te habrás creído que iba a dejar que me lo robes. ¡Vos… que no me llegás ni a los talones! ¡Nunca lo vas a tener, nunca!

Ella simplemente escuchaba… y entendía que todo había sido producto de la desesperación de la animadora, al darse cuenta de que su amor no era correspondido. Sintió pena por ella, pero mantuvo su semblante impasible y su silencio inquebrantable. Cuando la otra terminó de hablar, irritada por el silencio de ella, le gritó una variedad de insultos y, al no tener respuesta, se dio la vuelta y se marchó, vencida y furiosa.

Mientras tanto, ella permaneció al costado de la playa, con la vista clavada en el río. Hasta que sintió la presencia de alguien más. Se volvió y se encontró frente a él. Lo miró a los ojos un segundo y luego volvió a contemplar el río.

Él ensayó todo tipo de inicios de conversación, pero no obtuvo respuesta. Luego intentó directamente pedir perdón, pero ella continuó inmutable. Finalmente, él dijo en tono de derrota:

-¿Por qué no me hablas, no me escuchas, o al menos me mirás? Ya te pedí perdón, te dije que lamentaba haber creído ese rumor, que… ¡te amo! ¿Qué pasa, no es suficiente? ¿Qué puedo hacer para que me perdones?

Ella se dio vuelta lo miró con ojos humédos y dijo con serenidad:

-Dudaste.

Y sin añadir nada se marchó, dejando atrás muchos sueños y mil rumores.

FIN





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Comentarios

Roser ha dicho que…
"Dudaste."

Tu relato es muy gráfico. Pude imaginarme el momento del dialogo frente al río. Me encantó la fortaleza de ella, pese al dolor que sentía.

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