Escaleras del destino




El sol que madruga da señales. Así lo entendió Gabriela cuando, yendo a su trabajo, le llamó la atención una puerta semiabierta, en cuyo rostro marrón caían destellos dorados. Aunque estaba sobre la hora para llegar a su trabajo, Gabriela decidió obedecer a ese repentino impulso de curiosidad y empujó suavemente la puerta. Se encontró en un edificio completamente circular, tan alto que el techo se fundía con los espirales de una escalera infinita. Cuando cerró la puerta tuvo la sensación de estar cerrando también algo más, algo interior e indescifrable. Respiró profundamente y comenzó a subir la escalera.
EL primer nivel tenía sólo una puerta. Gabriela se asomó y vio una inmensa habitación circular que parecía una oficina. Todos parecían tan concentrados que se sintió incómoda y continuó subiendo la escalera. El segundo nivel estaba compuesto de un vidrio transparente que dejaba ver un gran y bien equipado gimnasio con algunos atletas, dos instructores y algunas mujeres que parecían querer salir de allí deslizándose por debajo de la puerta de tan rápido que realizaban los ejercicios. Ya estaba por seguir su camino cuando vio que en el fondo del salón había una escalera. Sin saber muy bien porqué atravesó el salón sin que nadie le preguntara nada y subió.

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Se encontró de lleno en una habitación a mitad de camino entre una biblioteca y una oficina, partida a la mitad por otra escalera caracol. Había enormes estanterías con libros y carpetas. Mesas pequeñas con máquinas de escribir y un escritorio principal con una computadora. Sentado detrás de ese escritorio estaba un hombre de contextura grande, no gordo sino fornido, con la palabra “líder” escrita en la cara. Algunas personas daban vueltas por las mesas y hojeaban los libros. Gabriela se acercó al escritorio dónde estaba el hombre pero antes de decir una palabra, la carpeta que llevaba en las manos escapó de éstas y su contenido se dispersó en el suelo. El hombre apenas se inmutó y se inclinó a recoger un papel que estaba bajo sus pies, pero en lugar de devolverlo comenzó a leer.

“Rescatando a Ron Clark. (O de cómo un maestro puede cambiar el destino de una persona)
En estos tiempos en que las nuevas generaciones han perdido mucha de su inocencia, de su respeto y aprecio a los mayores, me viene a la memoria un libro escrito por Ron Clark, el maestro que tuvo que lidiar con alumnos problemáticos, de escuelas situadas en zonas conflictivas de Estados Unidos. Debido a su singular modo de enseñar, no sólo logró mejorar las notas de sus alumnos sino que, y esto es los más importante, impulsó a sus alumnos a seguir sus sueños, a creer en sí mismos, a entender que los límites de lo que pueden lograr los definen ellos mismos no sus padres ni maestros. Sin duda ésta fue la mejor lección que Ron dio a sus estudiantes. Su método poco ortodoxo logró cambiar la vida no sólo de sus alumnos sino también de todos los docentes que decidieron imitarlo. Siguiendo su idea de ayudar a mejorar el mundo de la escuela y el aprendizaje, Ron creó sus `55 reglas esenciales para educar a los jóvenes.´ y las convirtió en un libro, pero es uno de esos libros que no tienen un único destinatario, porque sus reglas no son sólo para niños sino para todos, para que aprendamos lo que no sabemos, recordemos lo que sí y mejoremos nuestro modo de conducirnos frente a diferentes personas y situaciones. Reglas para el aula y para la vida. Un libro difícil de conseguir pero a la vez imposible de soltar. Un libro tan excepcional como el mismo Ron Clark.”
Por: Gabriela Roble

El hombre acabó de leer y al tiempo que le devolvía el papel a Gabriela le preguntó:
-¿Vos escribiste esta crítica?
-Sí, -respondió ella algo turbada- escribo reseñas, artículos de opinión y algún que otro cuento para una revista de barrio. Es mi trabajo. El sueldo no es muy bueno pero yo escribo porque me gusta. Como dice Sábato “Si no escribiera ya me habría muerto.” Esa es mi frase favorita.
El hombre la miró y luego sacó de una agenda un pequeño papel y se lo tendió. Ella se inclinó y vio escrita la misma frase que acababa de citar.
Ambos se miraron un momento y luego el hombre dijo:
-Yo soy Andrés Cantorio, publico una revista mensual de cultura, con artículos, reseñas de libros, cuentos, reflexiones, pero únicamente me dedico a los autores que no tienen publicaciones previas, ni modos de dar a conocer su obra. Ése es el único requisito. Pero en tu caso puedo hacer una excepción. Quiero que trabajes para mí.
Gabriela abrió enormemente los ojos de sorpresa. Luego recobró el dominio de sí misma y sonrió.
-Me encantaría, pero… mi otro trabajo… No sé si pueda con ambos.
-No es necesario que vengas personalmente, podés enviarme tus trabajos por correo electrónico y luego los reviso.
Gabriela pensó un momento y luego acentuó su sonrisa.
-Acepto.
-Perfecto, mañana empezás. Enviame un artículo sobre las casualidades.
-Bien. Muchas gracias.
Luego de un apretón de manos, Gabriela se marchó. Esa noche comenzó a escribir:

“El sol que madruga da señales. A veces creemos que todo es casualidad. Pero… todo pasa por algo…”

FIN




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Comentarios

Carolina ha dicho que…
Pues yo sí creo en las casualidades, y en el destino, aunque muchos se empeñen en que nosotros mismos lo escribimos; no es cierto, creo que las cosas suceden por un porqué.
Muchos besos y abrazos!
Rompecabezas ha dicho que…
Opino igual que Carolina, mcuhas veces las cosas por una misión que ya tenemos en este mundo, a veces rompemos las reglas y evitamos el destino, a veces el destino nos da con todo en la cara
Vaeneria ha dicho que…
"Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla."
P.Coelho

Es verdad! Me encanta esta frase.
Saludos, Caro.
:)
Carolina. ha dicho que…
Amiga, ya te dije personalmente que me habia encantado este relato, como todo lo que escribis!
Un besote enorme!

Caro
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Caro, me alegra que te haya encantado el relato.
Saludos :)
ana_95 ha dicho que…
hola, acabo de encontrar tu blog y me he leido algunas entradas.
Creo que han sido 4 o 5, no se enrealidad. Me gustaron, en todas parece que hay impulsos de los personajes. Impulsos que en muchas ocaciones las personas no se atreven a dar.
Hermosos.
Te sigo
Besos...

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