Cuerpo blanco, sangre azul.
Es mi turno de hablar. Sí, soy yo, la hoja en blanco. Ya es hora de que alguien más sea la primera en hablar, no solo tú. ¿Acaso crees que por ser la aclamada, la infaltable e invencible palabra no hay alguien más poderosa que tú? ¿Por qué te sorprendes? ¿Crees que no lo sé? ¿Qué, tienes miedo de alguien más? ¿Crees que no sé… que te causo terror? Sé bien que te aterro, que no soportas mirarme por mucho tiempo, que te espantas y me apartas porque te paralizo. Sí, te quedas inmóvil, porque no sabes cómo empezar a quebrar mi pureza, no sabes cómo empezar a manchar con tu sangre mi piel blanca e inmaculada. Varias veces intentas atacarme pero te asustas y huyes. ¿Cómo dices? ¿Qué sin tí yo no tendría razón para existir? Tal vez, pero admite de una vez que si no me tuvieras para derramar tu tinta de vida sobre mi cuerpo, miles de palabras quedarían sin salir a la luz, quedarían encerradas en el pensamiento, muertas, y posiblemente serían olvidadas. ¿No entiendes que si yo no pusi...