Últimas palabras...



Marzo 2009

“Me siento mal, muy mal. A veces siento que es mucho el peso que cargo, un peso que el mundo ha puesto en mis hombros. No, no fue el mundo… fui yo quien eligió esto. Y me está destruyendo…
Mi problema es mi profesión, mejor dicho mi pasión, mi vida.
Soy escritor y mi aire son las palabras y lo que ellas significan. Porque yo he hecho que cambien su significado, ahora solo quieren decir lo que lo elijo. Les he dado ese don, esa maldición. No son lo mismo para mí que para los demás.

Para ellos son sólo elementos para comunicar sucesos más menos importantes, para mí son aire, escudo y espada. Pero ésta distinción hace que no pueda entenderme con los demás. Cuando trato de hablar con alguien, frecuentemente me expreso como si estuviera escribiendo y la persona me observa como si yo hablara un lengua diferente. No nos comprendemos...
Hasta que me pregunta de qué trabajo que parezco medio artista o algo así. Entonces les digo que soy escritor. Y enseguida me miran como si dijeran : “Ah, es un escritor, con razón habla tan raro, mejor le sigo la corriente porque todos estos que se dicen artistas son medios locos, muy raros.”.
Por supuesto que nadie lo expresa en voz alta pero puedo sentir sus palabras en mi mente ,como si yo mismo las pensara. Y a veces es tan evidente que las escucho como gritos en mi cabeza y me tapo los oídos, aún en compañía presencia de alguien. Me ocurre lo mismo cuando, después de decir que soy escritor me preguntan de qué vivo.


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Parece que no se puede vivir de palabras, de metáforas, de mundos paralelos, de sueños que se sueñan despierto y se vuelven reales al plasmarlos en el papel , que me dejan mismo pasmado ante lo extraño que he creado, al ver las palabras entretejidas creando un nuevo universo de libertad, bondad, dolor, muerte y resurrección. Veo en mis escritos mis sentimientos más profundos, los que no quería admitir que estaban en mí. Me siento puro, auténtico y libre…
…Pero parece que no se puede vivir de pureza, libertad y palabras…
Hace mucho que no encuentro a nadie con quien charlar y que realmente me entienda. Me siento como si estuviera solo en medio de una muchedumbre, cuando veo a mi alrededor no encuentro ninguna mirada como la mía, una mirada que busca otra con la misma esperanza con que un náufrago busca una isla que lo salve de la muerte y la demencia (que a veces son sinónimos).
He esperado mucho tiempo y en vano una mano que sea mi isla… Que me salve de la soledad, la incomprensión, la locura y la depresión. Es muy tarde, la depresión ha hecho nido en mi corazón y en mi mente.
Me siento cada vez más ajeno al mundo, más incomprendido… como si fuera el único miembro de mi especie, una especie que elige ver el mundo de otra forma, con esperanza pero que nadie escucha ni trata de entender.
Cada día comienza como un milagro de fe y acaba como una pesadilla, al ver que no puedo conectarme con nadie.
Siento que cada vez tengo menos fuerza para enfrentarme a la vida, a sus desafíos, tal vez porque no albergo esperanza de cambiar algo. No sé que solución emplear hasta con los problemas más simples, como hacer limpieza en “el mundo de los secretos”, mi espacio de escape oculto bajo mi habitación. A veces digo que voy a tirar papeles viejos pero no logro juntar el valor, porque son, en cierta forma, parte de mi obra, de mi historia, de mi alma. No es bueno tirar trozos del alma…
Pero hay otras tareas cotidianas que no quiero hacer porque no les encuentro sentido o valor, incluso ir al mercado ha dejado de parecerme una buena oportunidad de conocer nuevas personas o situaciones para inspirarme.
¡Qué terrible! ¡He perdido la magia de las cosas simples! ¡He caído en el abismo de la rutina!
Lo peor es que no tengo fuerzas para salir de él, ni esperanzas de hallar algo que valga la pena vivir.
Si esto continúa, si no salgo del pozo, voy terminar muerto, tal vez suicidándome…
Es un gran dolor, pero si ya no hay esperanza tampoco no hay vida.
Sé que soy bueno en mi escritura, pero me siento solo. Soy como un jardinero experto que no logra hallar a quien cultivar con su arte.
Pero un jardinero y un escritor no están completos sin un jardín que cuidar y lectores que lo lean, respectivamente. Me siento libre, pero sin nadie con quien compartir la satisfacción de esa libertad, nada tiene sentido.
Soy un esperanzado sin poder hablar con alguien de mis esperanzas.
Duele, realmente duele.
Es doloroso. Cada vez más hondo, como un veneno, un terrible e invencible veneno, sin antídoto, sin retorno, sólo una llama de dolor recorriendo todo mi cuerpo, deteniéndose en cada recuerdo feliz y aniquilándolo , dejando solo un rastro de sombras y olvido.
¡Lo he decidido!
No puedo seguir sufriendo así.
No lo soporto, no quiero vivir en un mundo dónde no puedo comunicarme, donde nadie comprende lo que digo, donde no puedo mantener una conversación de verdad, donde ya he perdido mi capacidad de asombro, incluso no llegado a no sentir al menos un leve rastro de esperanza en las personas, no siento nada que me salve de la rutina, del letargo invernal que tiene mi corazón.
Prometo que el día que despierte y ya no tenga esperanza, que me sienta vencido por la rutina, ése día, compraré veneno para ratas y acabaré con todo.
El día que pierda mi fe, me echaré a dormir para siempre.
Ése día no esté lejano, puedo sentirlo.
Tal vez así encuentre paz.
Tal vez en esa paz resurja la esperanza.
Tal vez…
Habrá que hacer la prueba….

Ángel Keating"





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Comentarios

Eliudrae ha dicho que…
Me ha estremecido leer lo que he pensado y sentido infinidad de veces.
Somos una especie extraña.
"la genialidad conlleva algo de locura"
y los que la abrazamos y vemos más allá de lo cotidiano, nos desesperamos. Porque nos sentimos horriblemente solos. Y entonces nos acordamos de la dulce dama muerte y queremos coger su mano. Pero el futuro es siempre incierto y no estamos tan solos como pensamos.
Vaeneria ha dicho que…
Creo que somos muchos lo que nos sentimos únicos (en el peor sentido de la palabra), solos por ver el mundo de forma muy distinta a como lo ven los demás. A veces esta sensación de soledad es tan quemante y dolorosa que nos sentimos tentados a acabar con ella acudiendo a la irreversible muerte (física o de nuestros sueños, y no sé cual es peor). Entonces, no detenemos un momento y descubrimos que morir sería una perder para siempre la oprtunidad de conocer a otros seres solitarios como nosotros, otras personas que comparten una visión diferente del mundo, otras personas que se sienten tan solos como nosotros. En ese momento, cuando descubrimos que hay otros seres tan únicos como nosotros, vemos que no estamos tan solos, que tenemos a quienes nos den una mano o un abrazo, incluso a la distancia. Yo sigo adelante, porque ustedes comparten su condición de seres únicos conmigo, al igual que yo la comparto con ustedes mediante estos relatos. Gracias por ayudarnos mutuamente a salvarnos de la muerte. Sigamos vivos, sintiéndonos únicos pero no tan solitarios.

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