Arresto




Mi inesperado salvador y yo estábamos frente a frente, inmóviles. Yo esperaba una respuesta. Él me miró muy serio y contestó:
-¡No, pero…!
-Nada de peros.-dije con firmeza-Te pregunté si ibas a entregarte. Rompiste tu arresto domiciliario.
-Bueno, pero lo hice para ayudarte. Mejor dicho, lo hice para salvarte la vida.
-… Sí, ya lo sé. Te lo agradezco, en serio, de hecho no creo que algún día pueda terminar de agradecerte de la forma que merecés. Pero tenés una tobillera de monitoreo en el talón. Van a saber que saliste de tu departamento y no creo que los convenzas de que saliste para ser el héroe.
-Si hablás en mi favor, tal vez…
-¿Y qué voy a decirles? ¿Qué vivo en el apartamento de al lado y no sabía que estaban vigilándote? ¿Qué apareciste justo a tiempo para salvarme la vida? ¿Qué sos mi héroe y no voy a dejar que te encierren? Parece libreto de telenovela.
-Bueno, algo de todo eso podés decir, en una de esas si suena convincente no me llevan.
Yo permanecí en silencio. De no ser por él, me habrían robado, en realidad directamente me habrían matado. Estaba confundida, agobiada por la idea que le debía mi vida a un muchacho que estaba en arresto domiciliario, presuntamente por el asesinato de un hombre que había intentado robarle.





No sabía qué hacer. Una terrible batalla se libraba en mi interior. Cerré los ojos, buscando concentrarme. Seguía en esa posición cuando escuché el ruido de un automóvil. Miré con aprensión al patrullero que había estacionado y a los dos policías que se acercaban a nosotros. Una fugaz mirada entre él y yo.
-¡Te advertimos que ni te asomaras a la ventana!-gritó uno de los policías- Y ahora estás fuera de tu departamento, en plena calle, junto a una chica. ¿No pudiste resistirte a salir para hacerte el galán, no?
Él no dijo nada. No le dieron tiempo. Lo empujaron contra la pared, lo sujetaron fuerte colocándole las manos detrás de la espalda y lo esposaron.
-¡No! ¡Basta, déjenlo en paz! ¡Me salvó la vida!
Ambos policías quedaron petrificados, mirándome fijamente.
-No fue él quien me asaltó-dije con la respiración entrecortada-, fue otro hombre… uno que tenía una navaja. Me había quitado la cartera e iba a matarme cuando él (señalé al prisionero) vino corriendo y lo golpeó hasta que se fue, salió corriendo hacia allá (señalé la esquina más próxima).
Los uniformados miraron un segundo hacia dónde yo señalé. Luego el que había gritado me clavó los ojos fijamente y me preguntó con desconfianza:
-¿Vos no serás la novia y tratás de salvarlo, no?
-No, no soy la novia, pero tampoco voy a dejar que lo traten como a una animal sólo por romper su arresto domiciliario. Lo hizo para salvarme la vida, por protegerme, tarea que les corresponde a ustedes, la verdad.
El policía me miró con una mezcla de sorpresa y rabia, antes de adoptar una postura de suficiencia y preguntarme si tenía alguna prueba que apoyara mi declaración, un testigo o algo similar.
Yo ladeé la cabeza entornado la mirada y respondí con calma:
-Sí. Tengo una filmación.
-¿Cómo?
-Las cámaras de seguridad que el intendente hizo colocar en las esquinas de las zonas más inseguras. Ahí, en esa esquina (volví a señalar la dirección por la cual había huido mi atacante)hay una y estuvo prendida todo el tiempo. Si no me cree fíjese usted mismo.
El policía le hizo una seña al otro para que se acercara al poste. Éste obedeció y al cabo de unos segundos estaba nuevamente junto a nosotros.
-Ella, tiene razón, jefe, la cámara está prendida y filmando.
El jefe emitió un gruñido. Me miró, luego se volvió hacia el muchacho esposado.
-Bueno-gruñó al fin-, vamos a dejar que te vayas y te encierres de nuevo, al menos hasta ver el video. Si es como dice ésta piba, seguís con tu arresto domiciliario, sino…
Un chasquido metálico y mi salvador quedo libre. Bueno, tan libre como puede serlo una persona que tiene una tobillera de monitoreo para vigilarla. Pero a mí me bastaba con haberlo salvado, aunque en realidad no estaba muy segura de qué.
Los policías lo escoltaron de nuevo a su cárcel, a su casa. Antes de irse me sonrió y pude ver un “Gracias” en sus ojos. Sin dejar de sonreír se marchó con los policías.
Las filmaciones, obviamente, nos dieron la razón. Él continuó con su arresto domiciliario. Yo iba regularmente a visitarlo. Nos hicimos amigos y me contó su historia, pero eso es tema para otra ocasión. Ahora sólo me importa contar que mi vida trascurre entre mates y tobilleras de vigilancia. Y puedo jurar que es lo mejor que me ha pasado. Sin duda alguna.

FIN




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Comentarios

Gabriela Maiorano ha dicho que…
Me gustó mucho el relato, es claro y atrapa.
En mi blog hay un premio para vos. Tu imaginación se lo merece.
Besos
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Gabriela por tu premio, me gustó mucho. Me alegra que te haya gustado y atrapado mi relato. Sigo leyendo tu blog. Saludos :)
Nessa ha dicho que…
¡¡Hola!! Me he enganchado a leer. Espero que sigas pronto, está muy bien narrado. La primera parte me ha emocionado, soy una fan acérima de Tolkien.

Sólo querría señalarte una cosa si no te importa: el tipo de letra, ¿Está curvada, verdad? te pediría que la cambiases ya que se me hace difícil de leer, y leer en la pantalla ya es de por sí dañino para la vista.

Muchos besos ¡Nos leemos!
Vaeneria ha dicho que…
Gracias, Nessa por tu comentario. Pronto seguiré con la segunda parte. Ya arreglé el estilo de la fuente. Gracias por tu colaboración. Saludos :)

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